Ya no se trataba de viajes en colectivo para ir a reunirme junto a desconocidos en un espacio oscuro iluminado por una gran pantalla frontal. Esta vez se trataba de estar horas sentada frente a una más pequeña, y la necesaria abstracción del contexto hacia una búsqueda frenética por páginas de cine para ver on line este film que me sugiriera la profesora de Metodología de la Investigación, quien me ayuda a encontrar el tema de tesis.
Hasta que al fin dí con el film, estaba íntegramente subido a Youtube. Apagué las luces circundantes, quizás en verdadera nostalgia por aquel espacio cuasi compartido a oscuras de antaño y comenzó la magia...
De un escenario también oscuro fueron emergiendo sonidos, un perro ladrando inquieto, truenos, pisadas, el primer canto al alba de los pitogue (benteveos, leélo así: pitogüé) y una hamaca paraguaya pendiente de dos árboles, ¿Habrán sido los mangos del frente de aquella casa mía en Asunción? Esta vez, no.
El tiempo se fue dilatando, casi como el de los relojes pendientes de yermas ramas archi famosos del siglo XX, los diálogos entre los dos integrantes de una pareja de ancianos campesinos en guaraní del interior, se me hicieron por momentos traducidos directamente en mi interior del exterior, sin necesidad de los subtítulos en castellano (¿o se dice, español?).
"Nde réra, che réra" (Tu nombre, mi nombre), recordaba Ramón haberle dicho a su hijo antes de que partiera rumbo a la Guerra del Chaco.
¡Qué guerra aquella, cuánto dolor mudo! De no haber sido por el exilio político posterior de mi abuelo a Argentina, hoy yo no sería una argentina más dando recetas a un extranjero sobre cómo preparar un buen mate.
"Nde réra, che réra"... seguirían resonando esas dulces palabras en guaraní a lo largo de todo el film, solitaria identidad con graznidos de siriríes (patos silvestres) en un cielo tomentoso que nadie más oye, que nadie más ve.
Transcurrió más de una hora expectante y un nudo en la garganta que terminaría graznando con lágrimas al oir las melodías de Renacer, de Oscar Cardozo Ocampo en la guitarra de Berta Rojas.
No puedo por ahora escribir más de este film, necesito reencontrarme con mis letras otra vez, ¡Hace tanto que no escribo! (Acá, por supuesto), quizás deba hamacarlas un poco hasta que logren renacer. Mientras tanto, tendrás que aceptarme un mate, estimado lector ignoto.
Sonrío resignada, la desmaterialización ha ganado tanto espacio que ya ni siquiera tuve que recurrir a lapicera alguna para este registro: re-nacer.
Paz Encina, Hamaca paraguaya, 2006
