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"Nada muere, todo cambia -dirá Jennie-. Hoy es el pasado de otro tiempo". Quizás al leer más abajo pienses que sólo lloro, mi estimado lector ignoto, pero cuando me conozcas verás que también puedo sonreir.

lunes, 17 de agosto de 2009

C/amiga

13/08/09
[Cuarto Piso]
Pedro Hermenegildo Gianzone, (Crucifixión) título tácito. Una consumida mujer con su hijo en brazos exhala junto con el último soplido del crucificado, casi como si aspirara ese final resquicio de vida. Es un óleo de 1,20 x 0,79 m realizado entre 1900 y 1947, ya que tampoco está fechado. En el horizonte, dos bocanadas de humo se entrelazan, ora verdes, ora rojas y se pierden en el cielo multitinte; abajo en la base de la cruz y a su derecha, unas pequeñas siluetas se arremolinan, son apenas esbozos de figuras, quizás aluden a cadáveres contorsionados.
Son fornidas las rosarinas que me miran desde todas las ventanas tras de mí y alrededor mío, son mujeres esposas, madres, delicadas jovencitas con un aire de nostalgia y pena, hay compostura en las poses sin embargo, reposando a la izquierda o a la derecha sobre la mesa, o quizás oteando tras el cortinado de alguna que otra ventana. Fornidas criollas posando, a veces desnudas con sus alhajas por único vestido, descansando sin pudores en toda su humanidad, o acaso tímidas ante la mirada de su voyeur.
Mujeres en su voluptuosidad dulcemente acariciadas por los sueños tras la lectura de algún libro de estampas de Renoir, con sus senos turgentes, se dejan exhibir pletóricas en un compuesto traje negro y solemne, coquetean cruzando sus tobillos mientras se abstraen en algún pensamiento que ruboriza sus rostros y dejan escapar una leve sonrisa naciente.
Francisca también coquetea con un ramillete de claveles entre los dedos de su mano izquierda, la que delata su filiación en el anillo que ajusta su dedo anular, y luego lo esconde desde otra ventana mostrando sutilmente su escote.
Muñecas de porcelana posando cual naturalezas en reposo, casi tan vivas como las plantas en las macetas.
Mujeres que disfrutan del picnic, ese paseo cuidado de los efectos nocivos del sol en su piel y, las señoras de Berni… sólo se me ocurre decir, bien argentinas, bien nuestras, bien de entrecasa, bien de acá.


[Quinto Piso]
¡Qué belleza!
Sólo esas dos palabras ante la obra de Guido. Una mujer casi efigie adornada por el brillo del esmalte y rosetas transparentes se opone a otra más ruda, pero no por ello menos bella, ya que ésta lleva por joya el fruto de su pesca… ¡Su desnudo te ha pescado, mi querido lector ignoto!
Mujeres que consuelan, que acompañan la faena del esposo y la familia, son las de Herrero Miranda que en el acto tan simple de su labor como levantadora de arvejas mueven en su acto hasta la solidez misma del pigmento. A veces, lechera casi al alba acarreando el balde con el fruto del ordeñe a las vacas de su compañero. Preparando la red con pisada firme para luego adentrarse en la liquidez de la jornada.
Son joyas en su refulgente verde esmeralda, destellando azules en sus brillos, azules brillos de los sueños. Se arropan y envuelven sus pensamientos con echarpes que las adornan en sus abrazos. Conversan en una esquina, quizás de otra que se aleja, o más niñas preparan un barrilete para echar a volar sus palabras al viento.
Graves, esquematizadas, aún en el juego de líneas esbozadas dejan perfilar la melancolía de la mirada.
Éstas están solas.
Tal vez Totó haya sido sorprendida por tu mirada curiosa ¡Justo cuando estaba dejando caer su naranja enagua! Hay un tesoro oculto entre esas rozagantes piernas, pulposas caderas que te inducen al apretado abrazo. Totó te espera, mi estimado lector ignoto, meneando su pierna izquierda cruzada sobre la derecha. ¿Por dónde empezarías? ¿Desprendiendo los lazos de sus tacones rojos o por sus senos que penden de su corazón casi como esos aritos rojos?
Sonrío ante la Maja desnuda de Herrero Miranda, tan criolla, tan picarona, casi como ese rostro lozano de Cori auscultándote con su negra mirada redonda.
Arturo Ventresca. Nunca había visto sus mujeres, sus secretos de alcoba ahora también son míos, también tuyos. Pieles acariciadas en cada palmo por el toque rosa de su pincel. Salgo rápido de allí, falta poco para la hora del cine, al vuelo oigo cómo cuchichean dos bellas damas con el hombre de barba crecida desde la ventana.
No quería participar de su intimidad, no quiero oírlos, dejémoslos allí con sus secretos.
Las mujeres de Gambartes, posiblemente princesas soñando que el príncipe sapo se convierta en hombre con el alba, hilan sus sueños de amor, casi en una oración, casi en un ruego de amor.
De Sívori contemplo sus perfiles. Las siluetas, las figuras de mujeres de pronto se esfuman en el paso del tiempo, resuena el tic tac de un reloj: joven, vieja, joven y vieja…
No quiero que mis sueños de hallar al príncipe en el sapo terminen así, un corte abrupto en el blanco soporte del papel, como los delineados de esos trazos azules aquí, en sanguina allí.

[Luego del film]
Saboreo unas papas fritas arrebatadas compulsivamente de un paquete en mi viaje de regreso y pienso: Realmente la muestra Figuras de mujeres. Imaginarios masculinos, curada por Adriana Armando y exhibida en OSDE me dejó frita.
Aceleré el trazo de mi birome tanto como mis pasos por llegar a tiempo para la proyección del film supuesto para hoy, pero cuando llegué tras veloz corrida me encontré con que no, no había función de cine para hoy.
Mi estimado lector ignoto ¿Es que en verdad no había, o es que los 45 minutos en mi veloz recorrida por los fotogramas (si bien eran cuadros ahora los pienso así, aunque no conté cuántos) por los dos pisos de la exposición se sucedieron de tal modo que impregnaron en mi retina la ilusión suficiente como para haber asistido igualmente al film del final del día/noche del jueves?
Tal vez fue así, tras cuarenta y ocho días sin mi Ciclo habitual…

[La noche siguiente]
(E irrumpió el encuentro con una amiga en el 122 verde) Hoy, una noche después retomo donde te había dejado y ansiosamente descubro que este papel- en el cual sólo había una línea y cuarto escrita- poseía previamente una letra y un signo a su lado que debo haber escrito sin quererlo al superponer los papeles sobre los que te cuento.
Esa letra y su signo “c/”- c y barra-, es mi abreviatura para “cada”, pero noto que luego de la barra después de la c está el margen derecho del papel y más allá, el abismo.
Curiosamente la c es el comienzo de mi nombre también, que aquí se presenta como al borde de un acantilado oblicuo- el de la barra- hacia aquello que queda del blanco papel. Salvé la caída a un centímetro de su borde con la superposición espaciotemporal de otras tres letras agregadas también por azar: “ami”, leo “c/ami” como resultado final y, siguiendo la línea de la palabra cortada, leo en la línea de abajo “c/amiga”- cada amiga-.
Ahora sí, reinicio. Cada amiga creada por todos esos imaginarios masculinos fueron hablándome/hablándonos en la quietud del instante de cada ventana. Sus cotidianeidades se hicieron mías, se hicieron tuyas y la familiaridad de sus encantos no fueron ajenos a los míos, tampoco a los tuyos.
Mujeres del litoral, ellas pusieron en foco mi sangre de dos ríos en el mapa, uno sólo en mi ser… Mi estimado lector ignoto, ¿Cuándo dejarás de ser un príncipe sapo? Quizás deba animarme de una buena vez y al fin besarte…

Figuras de mujeres. Imaginarios masculinos (Pintores rosarinos de la primera mitad del siglo XX), Espacio de Arte de la Fundación OSDE, Rosario, 11 de agosto al 27 de septiembre de 2009

viernes, 26 de junio de 2009

Ruego de amor

25/06/09
[En tiempo previo al film]
El 122 verde… como la esperanza, mi estimado lector ignoto, es lo primero que pensé ni bien vino éste, mi medio de transporte que me permite escribirte estas líneas todas las semanas. Hoy me siento con la rueda delante de mis pies, prefiero que ella corra por mí ahora que me recupero de unos días con poca salud y energía. Pienso también en el film del día/noche: Cartas a Teo (¿o es Theo?), e inmediatamente viene ese término tácito en la canción de Chico Buarque, Oh, qué será, esas bellas letras con su melodía tan brasileña que oí esta semana en decenas de versiones. El término respuesta a la pregunta que se repite: amor.
Es que no puedo remitirme a Vincent Van Gogh sin pensar en la relación de amor que lo unió a su hermano Theo, que es otro más de los aspectos corpóreos de ese sentimiento el cual siempre encuentro, parafraseando a Pablo Picasso: Yo no busco, encuentro.
¿Sabías mi estimado lector ignoto que más de una década atrás yo era otra? No podía hablar, no podía escribir, mi universo logo-excéntrico sólo se manifestaba en imágenes plásticas.
Siempre había querido estudiar arte y mi hermana Marta lo sabía aquella mañana de noviembre cuando me acompañó a inscribirme en la carrera de Bellas Artes. Ella contestó a cada pregunta que le hiciera (levanto la vista atraída por una luz verde titilante, un accidente en esta esquina, quedó como registro la moto que esos policías sacan de las ruedas delanteras de un auto blanco…) la secretaria de la ventanilla de Alumnado. En un momento, aquella mujer le preguntó levantando la vista: Pará, ¿Pero quién se inscribe, ella (señalándome) o vos?. La frase quedó para la anécdota.
Al año comencé a sorprenderme de mí misma al hablar. Y Marta siguió conmigo acompañándome siempre, cuidando a sus sobrinos hasta que la madre regresara muy entrada la noche, aún cuando Marta debía iniciar su jornada de trabajo muy temprano. Años después, aquella vez que faltándome la tinta amarilla para hacer esa xilografía color que me permitiría aprobar una materia más, Marta la pagó…
No me alcanzarían los papeles en blanco que traje para escribirte, para narrarte todas las otras anécdotas que dan cuenta del amor que nos une a mi hermana y a mí, mi estimado lector ignoto. Me he permitido este espacio previo al film para contarte que este sentimiento puede manifestarse de infinitas maneras.
Hoy puedo hablarte y escribirte gracias a mi hermana, ella quizás lo haya hecho para devolverme todo el amor de mamá que le di de niña.

[Luego del film]
Mi estimado lector ignoto, (libero una mano del guante para escribirte con el vapor de mi respiración empañando los cristales fríos de mis anteojos, tan frío como el aire circundante en torno a este asiento similar al de mi venida) hubo una confusión de mi parte por el título del film, del que me enteré como Sed de vivir, al leer el catálogo antes de su inicio y del fragmento previo de los Sueños, de Akira Kurosawa, un homenaje a Van Gogh, ese recorte que viera en otras dos oportunidades años atrás (veo carros y caballos apostados en pleno centro de la ciudad, otra vez, con los cúmulos de familias entrando en calor alrededor de pequeñas fogatas en la Plaza San Martín).
Te decía que hubo una confusión de mi parte, porque pensé que ese film del cual había visto fragmentos alguna que otra noche por TV antes que me rindiera el sueño, creía que se titulaba: Cartas a Teo, pero considero que esa confusión no es inoportuna. Al escribir "Teo" omití la “h” entre las dos vocales y así podríamos traducirlo como: Cartas a Dios.
Vincent las había comenzado a escribir tímidamente primero, desinhibidamente luego, frenéticamente por último. Eran ruegos de amor, sus oscuros dibujos con carbonilla al principio, sus pinturas al óleo plenas de luz al final, eran verdaderas cartas a Dios.
El Dios de Vincent Van Gogh existía, quizás no acorde a los preceptos de su religión, pero sí en tanto amor. Un amor que, sin embargo, no siempre recibía de Él pese a haber dado tanto.
El Dios Amor, del pintor tenía el color del sol, mi estimado lector ignoto. Girasol que gira y gira siguiendo al Sol para guardar todo el amarillo en su interior.
Los dos films y el imaginado a partir de mi confusión me sumergen en sus cartas/cuadros y hacen que esta birome que posee una pequeña bolilla en su extremo gire y gire siguiéndote a vos.

Noto que el título del film en inglés nos da todavía otra versión: Lust for life.



Vincente Minelli, Sed de vivir (Lust for life), 1956

viernes, 19 de junio de 2009

Pintura y placer

18/06/09[En tiempo previo al film]
El amor es el diablo.
El amor es el diablo a quien un enamorado le ha vendido su alma…
Releo una vez más las páginas de Francis Bacon. Lógica de la sensación, de Gilles Deleuze… Cap. I: El redondel. La pista “… El cuadro trae consigo una pista que consiste en aislar la figura…”. Esa pista actúa como contorno entre lo liso de un fondo y lo estriado de su figura, pero en las relaciones de la antigua pintura con la figuración, la pintura debía arrancar a lo figurativo su Figura mediante un sentir religioso. Hoy, ya no existe ese sentimiento religioso como sostén de la Figura y, con la fotografía (¿Siempre ella tan culpable de todos los males desde que apareció?) a la pintura le es mucho más difícil romper con la figuración.
El cuerpo es la materia figural. Pero Bacon no pinta la cáscara de los cuerpos, pinta sus hollejos, pinta su jugo, “no pinta rostros, pinta cabezas”, según Deleuze. Es la carne, la osamenta, la pulpa adherida en la zona de costa entre el mar humano y la arena animal.
Hay dos modos de trascender lo figurativo: La abstracción o La figura. “La figura es la forma sensible relacionada con la sensación, actúa inmediatamente sobre el sistema nervioso, que es la carne… Lo pintado es la sensación, es opuesta a la forma referida a un objeto a representar”.
En Bacon se ve que el mecanismo de deformación- con los procedimientos de “limpia” y “cepillado” propuestos por Deleuze- proviene de la sensación misma. Por eso la sensación es maestra de deformaciones.
Cualquier Figura ya es sensación acumulada, coagulada.
“A la violencia de la representación (lo sensacional, el cliché) se opone la violencia de la sensación… Presencia es la primera palabra que llega ante un cuadro de Bacon… Las Figuras de Bacon son respuestas a la pregunta por cómo hacer visibles fuerzas invisibles”.
Deleuze propone al aislamiento, la deformación y la disipación como procedimientos utilizados por Bacon para trascender lo figurativo: “Es un error creer que un pintor está ante una superficie blanca, lo que tiene en su cabeza antes se presenta en el lienzo. Pinta sobre imágenes que están ya ahí”, tanto como yo escribo sobre palabras que ya están comprendidas en este blanco papel.
Son datos, como afirma Deleuze. Por ello todos los sitios considerados antes de pintar/escribir son ya probables. Las hay iguales y desiguales y, cuando se dan las probabilidades en el último polo empieza el acto pictórico/escritural.
Continúo leyendo las dos páginas fantásticas en las cuales el filósofo toma la teoría lingüística matemática de Pius Servien (Azar y probabilidad- Hasard et probabilité) para referirse al gesto del pintor, quien se vale del azar- elección, ni científica, ni estética- como manipulación para romper con lo figurativo y dar lugar a lo figural.

[En el umbral]
Nuevamente un grupo minoritario ha tomado la Facultad. ¿Esta vez por qué? ¿Habrá cine hoy? Parece una pregunta banal frente al problema que está instalado aquí. Mmm, ese hombre que veo se negó a dirigirme la tesina, aún no lo conocía, me hizo un favor, que no me vea. Subo corriendo las escaleras…

[Luego del film]
Hacer una descripción de mis impresiones acerca de este film, con este nivel de iluminación es más que difícil, mi estimado lector ignoto, he cambiado de asiento en busca de más luz, pero en éste en que estoy ahora, más cómodo, no se ven los trazos. A esta velocidad con que me transporto creo que tampoco haré tiempo para hablarte de todo cuanto quisiera.
Tomo un pensamiento dicho en voz alta por alguien que bajaba la larga escalera del primer piso a la planta baja de la facultad junto conmigo y otra persona: “Es que es una obra muy sexual”, su interlocutora continuó “A mí no me gusta porque es muy dura”.
Estimado lector, ¿Sabías que no me gustaban las obras de Bacon hasta que llegué a ellas gracias a Deleuze? Allí pude ver y apreciar ese lado oscuro del arte, de la pintura en este caso, del que ya te había hablado semanas atrás. Un lado oscuro no por ello menos bello y me pregunto: ¿Es que acaso hay una pintura- en su constricción exclusiva al pigmento distribuido con cualquier herramienta manual- que no sea sexual?
No comprendía el sentido del placer escatológico (aunque ya lo sentía) del acto pictórico, hasta que una antigua amiga virtual, psicóloga según afirmaba, me ampliara los mecanismos de implicación psicológica que genera el placer extremo de manipular la pintura en unos y en otros no. Un pintor de La figura nunca es inocente a ellos, lo sabe, lo siente, aunque sólo sea intuitivamente, por la propia experiencia.
Bacon era el diablo, Dyer el enamorado que le vendió su alma, mi estimado lector ignoto. El redondel de Deleuze y Maybury, la pista.
Después de ver esta maravilla pienso: El pintor/escritor es el diablo, su espectador/lector es quien le vende su alma y está la ficción mediando entre ambos. La ficción del arte viene a ser el redondel, la pista que aísla, a la vez que comunica el fondo liso del espectador/lector con la Figura estriada del pintor/escritor.
Mi universo logo-excéntrico, estimado lector ignoto, es el caudal de sentimientos/ideas que están previas en mi cáscara/cuerpo y que me permiten que este bolígrafo de tinta azul con punta retráctil y cubierta verde realice los trazos más azarosos para tu placer y el mío.
Y el tiempo, y la luz, fueron suficientes.


John Maybury, El amor es el diablo (Love is the devil, study for a potrait of Francis Bacon), 1998

viernes, 12 de junio de 2009

El sentido de cerrar

11/06/09
[En tiempo previo al film]
Antes de subir a este frecuente (más frecuente que nunca últimamente) medio de transporte había guardado casi al vuelo un par de bolígrafos azules y uno rojo, que tomé deliberadamente por si las dudas. Digo por si las dudas, ya que una frase está nuevamente dando vueltas por mi universo logo-excéntrico, el cual siempre anticipa o, tal vez, sólo prefigura las líneas que han de venir tras la lectura del film del día/noche: Vola Verunt, la amante de Goya. Esta frase- te decía mi estimado lector ignoto- es la que da título a la serie más conocida del pintor/grabador: Los caprichos, de Goya que me recuerdan al otro título de un álbum con fotos mías del pasado: Etapa negra de joya.

Hubo una vez en que esta joya, mi estimado lector ignoto, tuvo una etapa negra. La luz apenas se vislumbraba desde los soportes carentes de fotones que daban marco a mi vida. Una mujer sujeta a los caprichos de un hombre, dos, primero él, después aquél.
Por estos días tuve un choque con un hombre y una mujer que decía, afirmaba ser “su mujer”, so pena de ser exhibida desnuda y ensangrentada por él… Indignada, me veía a mí misma años atrás totalmente enceguecida, sin luz, sólo en la penumbra aquel fino hilo que asomaba de las manos del arte.

No podía ver en la oscuridad, los caprichos de esos hombres me tragaban, como en esa terrible obra- aún no del todo atribuida a Goya- en la que un monstruo se devoraba la carne de un cuerpo humano desmembrado (Saturno devorando a sus hijos) y sufría. ¡Ay, cuánto sufría! Cuántas perlas fueron construyéndose alrededor de los molestos granos de arena en el interior de esta ostra…
Hoy elijo, hoy digo basta. No a la violencia de género, no al abuso del hombre de la mano del hombre, de la mujer de la mano de la mujer, del hombre de la mano de la mujer, de la mujer de la mano del hombre. ¡Basta señores y señoras! Que sea censura sí, censura en el sentido de cerrar y que este cierre nos de a nosotros, quienes fuimos mujeres y hombres golpeados la posibilidad de abrirnos al mundo por segunda vez.
Sé que estarás de acuerdo, mi querido lector ignoto, por eso te he elegido.

[En el umbral]
Llego a la puerta de la facultad, me siento atraída por este cartel que está a un lado en el ingreso y traduzco del inglés: Los fantasmas de Goya. Sonrío por la ironía al pensar en los fantasmas que siempre me acosan pero, ¿Qué sucedió? ¿El film de hoy es sobre los fantasmas de Goya, no su amante?

[Luego del film]
Pensaba a los fantasmas de un Goya atormentado por ellos, pensaba a un Goya combatiendo con energía contra todos sus fantasmas, casi como un Miguel Ángel, iracundo, colérico, insuflado de terribilitá y, Milos Forman me mostró a los fantasmas en los tiempos de Goya, un tiempo que se prolonga hasta el mío.
¿Qué es un fantasma, estimado lector ignoto, sino una aparición transida por lo siniestro?
El director realiza su crónica: Una España dominada por sus reyes, su iglesia con la Inquisición y, el inminente avance de la revolución francesa; cada uno en su imposición de poder y en el medio, las víctimas.
Inés era preciosa, Goya la había pintado no sin obsesión, pero el abuso por parte de un clérigo celoso ante la posibilidad que ella sólo fuera del artista, logra destruir su hermosura. Ella será “su mujer” y tendrá una hija a quien jamás podrá amamantar porque se la han arrebatado. Lo demás, sólo ironía de la historia.
Goya tuvo la oportunidad de elegir y así lo hizo, estimado lector. Eligió participar de la lucha con el pincel y el cincel, no enemistándose directamente con el poder, sino participando de él como pintor del rey. Una vez adentro pudo desenmascarar ese mundo de las máscaras más grotescas.
Muchas veces opté por el no, esta vez ya libre me abriré por el sí.
Sí, este bolígrafo azul con cubierta roja y el simpático calendario enrollado en su interior es mucho mejor que el de tinta roja… El cambio en la programación del film nunca fue más oportuno.

Milos Forman, Los fantasmas de Goya (Goya’s Ghosts), 2006

sábado, 6 de junio de 2009

Beso pleno de flores

04/06/09
[En tiempo previo al film]
Esta vez, delante de mis pies y por debajo está la rueda trasera izquierda del 122 verde. Es una posición más que cómoda para mis doloridas piernas que, inquietas van de aquí para allá en cada jornada. Quizás, mi estimado lector ignoto, hayas pensado que te abandoné durante estos quince días transcurridos pero, ya sabés, el trabajo para disfrutar del ocio…
Al traer el film de hoy, Klimt, ya mi universo logo-excéntrico venía cargando con una frase, la del título de otro film: La agonía y el éxtasis, de Carol Reed. Un desafío que JL me hizo en esta semana al recordarme aquel atormentado, iracundo, apasionado Miguel Ángel quien enunciaba como contestación al Papa Julio II cuando éste le preguntaba hasta el hartazgo cuándo terminaría la pintura del techo de la Capilla Sixtina: La terminaré cuando la termine.
Contestación casi tautológica, indefinida, en suspenso, aludiendo a un tiempo sin tiempo: Lo terminaré cuando lo termine.
Lo terminaré cuando sea necesario que lo termine.
Presente indefinido, dos sustantivos, uno femenino, el otro masculino con la conjunción copulativa “y”, precedidos por artículos determinados.
La agonía y el éxtasis nos hablan de placer, el placer experimentado casi por una relación carnal, un placer de burbujas doradas y minuciosidad de flores como en El beso de Klimt. Ella, La agonía, recibe un beso apasionado- que hasta logra inclinarle la cabeza mientras cierra sus ojos- del éxtasis mismo. Él, El éxtasis, cubre con su manto glorioso a la desnuda agonía.
Nada sé sobre la biografía de Gustav Klimt, las pocas imágenes de sus obras a las que he tenido acceso me han hablado de belleza, también de un espacio sin espacio y de un tiempo sin tiempo, más o menos como esta sensación que tengo ahora: En los márgenes, en las zonas que se difuminan del límite pareciera que uno se halla suspendido en un grado Xerox como el de Baudrillard, donde pese a su denuncia hay emoción, una que es emoción pura, indefinible, incodificable, inexplicable. Es el cerrar los ojos de La agonía y sólo gozar de un beso arrebatado.

[Luego del film]
¿Te había hablado de burbujas, mi estimado lector ignoto, aún antes de haber visto el film del día/noche?
Te había hablado de burbujas y flores al remitirme a la obra de Klimt y el director de Klimt también lo hizo.
Un Klimt agonizante en una suerte de cama de agua surge tras el sonido del fluir del vital elemento y unas campanadas anunciando la muerte en la lectura de esa obra que gira lentamente, como gira luego la cámara en varias escenas del film alegórico plenamente actual- no olvidemos la fecha de su estreno- con su planteo acerca de las identidades múltiples diluyéndose espacio/temporalmente en, sin embargo, una unidad manifestada en un nombre: Gustav Klimt y su obra.
Nada sabía de la vida del pintor, Raoúl Ruiz hoy me contó todo. Hay bellas imágenes que se quedan en mi memoria, casi petrificadas en taxidermia como los gatos desperdigados aquí y allá en el escenario de la última morada del pintor quien se escabulle por la puerta de la izquierda en un sendero que habrá de quebrarse siempre a la izquierda infinitamente. Vuelven como dobles esas imágenes doradas a la hoja y ese rostro vendado de Lea bajo un sombrero negro tras los blancos copos de nieve, quien se vuelve Mizzi, verdadera Lea, falsa Lea. ¿Cuál es la falsa, cuál la verdadera? ¿Importa?
Este film me habló mucho también de la capacidad alegórica del arte. El arte es ficción, si entra en terreno de lo real estamos perdidos, escribirá Baudrillard.
Y Klimt no distinguía alegoría de caricatura. La caricatura en tanto máscara que, como la imagen es aparición, fantasma, magia.
El pintor estaba en tiempo de finales, podríamos verlo como uno de los últimos baluartes del modernismo, pero también en su acto feroz de arraigo a la vida en un mundo herido de guerra, porque el arte, mi querido lector ignoto, es vida.
Hoy, mi universo logo-excéntrico no se equivocó. La agonía del pintor fue abrazada por el éxtasis de un beso arrebatado, un beso pleno de flores. Flores, flores, flores…

Raoul Ruiz, Klimt, 2006

domingo, 24 de mayo de 2009

La naranja se pasea

21/05/09[En tiempo previo al film]
Allí viene por fin, el 122 verde- Pensaba exactamente dos minutos atrás antes de sumergir mi mano derecha en las profundidades acuáticas de mi cartera y dar con esta simpática lapicera azul con calendario desplegable incorporado. Es que, mi estimado lector ignoto, me urgía la necesidad de echar a girar el trazo de ésta y, ya mi universo logo-excéntrico había puesto en marcha ayer, cuando recordaba la primera vez que supe acerca del film del día/noche de hoy: La naranja mecánica. ¡Qué título tan cómico resonó en mi aún universo logo-excéntrico infantil unos más de treinta años atrás, cuando en mi veloz carrera arriba por aquella calle 15 Proyectadas rumbo a su intersección con la calle Brasil, a unas cuatro cuadras de mi casa- por entonces algo así como cuatro kilómetros significando en el espacio/tiempo de aquella niña de diez años- me detuve, decía, antes del mandado que mi madre me hiciera hacer en aquel almacén coreano, frente al Cine Brasilia para leer el título de ese cartel que ostentaba una extraña imagen de un hombre con un raro ojo que salía de una ventana triangular con una daga en su mano: LA NARANJA MECÁNICA, ESTRENO, PROHIBIDA PARA MENORES DE 18 AÑOS.
¡Qué título tan gracioso para una película que me estaba vedada! ¿De qué trataría? Algo extraño había con las naranjas y los cuchillos, así era también en aquella canción infantil de… no recordaba quién, que así decía: La naranja se pasea de la sala al comedor, no le tires con cuchillo, tírale con tenedor… Y entonces, ¿Mecánica?
¿Qué extraños engranajes podrían tornar a una simple naranja en máquina?¿O es que, de pronto, por algún raro designio una naranja podría- vistiendo mameluco y con manos engrasadas- adentrarse en las entrañas de algún que otro motor?
Pero, ese Cine Brasilia me invitaba o invitaba a que viera el film ni bien cumpliera mis dieciocho años.
Semanas tras semanas desfilaban los estrenos: Corazón, Tiburón, Amigos para siempre… Sólo vi este último y lloré amargamente con esa película que jamás pude volver a ver; unos niños amigos, uno blanco y el otro negro viajando solos en avión, jugando traviesos en el interior de un neumático enorme que giraba y giraba cuesta abajo y, al final el niño negro que moría para darle calor corporal a su amigo blanco refugiados en la calle en medio de una tormenta de nieve o, aquella otra película en que tuve que taparme los ojos para no ver esas escenas tan violentas, como al hombre que ahogaban en una suerte de naranja vidriada- así habré de describir ese objeto enclavado en una habitación- Brutal asesinato como para ser visto por una niña que acompañaba a su padre adorador del cine.
Aquellos veranos con la pantalla gigante, simple ella, con revoque fino a la cal y sin más techo que las estrellas que en Asunción siempre están más cerca… Hasta que techaron la sala con tinglado y ese cine del Barrio Obrero ganó estatus pero perdió altura.
La última vez que fui al Cine Brasilia- alrededor de las diez de una fresca mañana de otoño junto a mis compañeros de colegio- vi una película japonesa con los personajes volando en cada salto al choque de sus espadas.
Los años pasaron, de La naranja mecánica sólo vi fragmentos por TV avanzadas las noches en que me rendía el sueño y no lograba terminarla. Imágenes grotescas se sucedían en la pequeña pantalla, con falos gigantes, masas humanas y, un hombre a quien obligaban a permanecer despierto con un artilugio mecánico adherido a los ojos frente a la proyección ininterrumpida de imágenes en una sala de cine para lavarle el cerebro.
Estoy llegando a la proyección, ya son las 19:37, no quiero verla entrecortada otra vez. He duplicado y superado la edad para asistir a la función, pienso… Por la mañana estarán colgando mi nueva gran cáscara de naranja cortada con cuchillo, pero esta vez re-unida en un friso con otras obras.

[Luego del film]
Sí, definitivamente esta lapicera azul con calendario es la más apropiada para escribir sobre un film tan insólito como el de hoy. Insólito no porque tenga la dureza pétrea para tratar el tema de las oposiciones- las polarizaciones del siglo XX-, sino insólito por lo inesperado en tanto medio para aludir a la violencia en todas sus formas, aún la de la producción cultural misma. La violencia del arte, la del cine, la de la pintura graffiteada, la de la escultura exhibiendo la magnitud de un pene que puede asesinar, el teatro con su juego de luces persecutorias sobre un escenario, la del texto escrito, y del texto oral para manifestarse en un idioma que ejerce violencia sobre el idioma mismo aunque, en particular- y la más fuerte- la violencia simbólica de las instituciones sociales, la familia, la religión, la cárcel…
Sin duda, el arte a veces nos muestra que posee un lado oscuro, no por ello menos exquisito. Considero que lo siniestro no es la cara opuesta de la belleza, es otro más de sus atributos.
He superado, decía, la edad para ver el film por más del doble y aún así me impactaron fuertemente ciertos fragmentos cuyo título ahora sí puedo comprender: El individuo diluido como engranaje del mecanismo social que ha de ceder a su capacidad de elegir para intentar la aceptación del medio que lo circunda.
Pienso en aquella extraña sensación de enajenación que me invadía unos quince días atrás al no verme cercada por las instituciones sociales convencionales. La pregunta que así me surge es: Si el sujeto se significa por su inserción en una institución social del tipo que sea, ¿Qué ocurre cuando la tensión entre elegir en cuál sitio ubicarse lo lleva a posicionarse en los márgenes, en aquellas zonas difuminadas del límite?

Stanley Kubrick, A clockwork orange (La naranja mecánica), 1971

domingo, 17 de mayo de 2009

El amor duele

14/05/09
[En tiempo previo al film]
Una serie de lapiceras azules se sumergen en el lecho marino de mi cartera, a la pesca hoy consigo dar con una, ésta es bien azul, azul como los sueños, azul como el mar, azul como el cielo, azul como el príncipe de algún cuento de hadas y la pregunta que flota entre las crestas: ¿Cómo se hace? ¿Cómo se hace para seducir a un hombre, mujer?
Mi querido lector ignoto, no sé si vos seas el príncipe azul de los sueños de esta princesa pero, si estás ahí, no desfallezcas, aprenderé.
Una melodía flota- siempre hay alguna- en mis recuerdos al pensar en el film que pronto veré: Casablanca. En los timbres, el eco de mis recuerdos me trae el primer fragmento de Según pasan los años una y otra vez, con ese dejo de melancolía que ya ese arte me imprime como única información previa y, es quizás tan repetitiva como esta pregunta que viene una y otra vez: ¿Cómo seducirte por primera vez? ¿Cómo seducirte con la improvisación y el traspié de toda primera vez?... No lo sé.
¿Cómo esta mujer que hace tan poco nació podrá hallar el modo de seducirte, Adán?
Tengo entre mis dedos esta deliciosa manzana que ya he probado, mi boca aún conserva ese agridulce sabor de una dentellada casi escabrosa, hasta escandalosa pero… vos has de probarla también. Te gustaría como a mí o más, mi lector ignoto. Según pasan los años dicen que hay más experiencia y, la experiencia de amar se hace más intensa con cada tic-tac del reloj…

[Luego del film]
No fue difícil encontrar nuevamente un bolígrafo para retomar esta comunicación, estimado lector ignoto.
Minutos atrás esperaba en el cruce de dos arterias del corazón de esta ciudad. En la esquina de una- habitualmente iluminada- sólo se veía el horizonte de la otra con sus focos apagados y, en la penumbra de esta fría noche estrellada de otoño mi figura quizás se percibía con una luz cenital similar a la que bañaba los rostros de los personajes del film Casablanca. Recordé aquella frase que escribiera el año pasado: El amor es así, duele.
Una seductora Ingrid Berman, (Ilsa, en el film) en sus desfiles de impecables trajes Dior, comparte el mayor de los amores con su amado, el sublime amor a una causa.
Quizás pudiste pensar que se trababa de una mujer infiel más, pero en la trama descubrirás su inocencia. Y él… él, con su máscara más rígida, escondía tan sólo a un sentimental más. Tan sólo… ¿Tan sólo? Tan acompañado por mis preguntas repetitivas girando en mi cabeza sin respuestas: ¿Cómo se hace? ¿Cómo se hace para seducir a un hombre, mujer?
Ella bien lo supo. Afortunada ella, porque yo no.

Michael Curtiz, Casablanca, 1942

Horas de fantasmas o dulce reposo

07/05/09
[En tiempo previo al film]
Estimado lector ignoto, efectivamente el jueves me dormí. Es que cuando huye el día hay al menos dos posibilidades con el arribo de la noche, o rondan todos los fantasmas agobiando el descanso y llega la hora de producir todas esas obras que en más de una negra y agujereada capa supe realizar, o, como me sucedió hace una semana, llega el momento del desmayo para el más profundo de los reposos.
Es que el trabajo no sólo trae dignidad, sino sobre todo cansancio. A veces, el trabajo -que sólo debería ser necesario para disfrutar del ocio- crece como un globo rojo que un niño infla desprevenido hasta reventarse sobre su nariz.
En el acto desesperado por conservar mi trabajo y la permanencia en él me he encargado de aferrarme a cuanta posibilidad hubiere y ahora… Ahora, apenas respiro ante cada segundo, corriendo, a los saltos, en un ritmo hiper-acelerado, corriendo contra qué, para qué. Tal vez deba parar, mi amigo. Sí, porque escribo estas líneas para vos a los saltos en este colectivo, nuevamente sentada justo encima de la rueda izquierda trasera.
Corriendo, digo, contra el tiempo, porque no me quiero tampoco perder de ver ese jardín que una amiga virtual- compañera real- hace tiempo ha estado armando…
Yo no te prometí un jardín de rosas, tal la obra de Frivolidades Argentinas, la muestra que se inaugura paralelamente al film de hoy. Pero el día me huye otra vez, estimado lector ignoto y, antes de ese film que ya casi vislumbro en estas líneas habré de pasar a ver ese jardín no prometido.
Temprano, recordaba esa frase de Savater a propósito de la inauguración de la Feria del libro de este año: “El mundo de alguna manera siempre ha vivido una realidad virtual”, efectivamente, yo también comparto. Pareciera que las llamadas nuevas tecnologías instauraron precisamente eso: Algo nuevo. Pero, la concepción cíclica de la historia hace que lo que hoy creemos nuevo, en mi opinión, no es más que una vuelta de tuerca de lo mismo.
Pienso que desde que el ser humano posee su capacidad de hacer arte, desde que es tal, asiste en consecuencia a un mundo virtual.
Este colectivo dio otra vuelta y ya no sé dónde estoy. ¡Ah! Pellegrini y Mitre. En horas- por la mañana- andaré por aquí para volver a trabajar pero, mientras tanto a disfrutar. Eso, si la noche que sobreviene lo permite, pues cuando huye el día viene ella con sus horas de fantasmas o con el dulce reposo.

[Luego del film]
Y aún cuando huye el día, aún cuando ya toda la vida se cree escurrida en un hombre que jamás conoció el amor, viene ella con su manto de posibilidad. Aún cuando la propia muerte se vea llegando con su corte abrupto, está en el rostro envejecido la luz de la vida iluminando el dulce reposo.
Ese hombre trabajó, quién escribirá su historia, la cara reseca, la viuda que sueña, los amigos que siguen igual, la gloria en zapatillas, el florero vacío, quién sabe si se puso a pensar, para qué vivo… Vienen las letras de El témpano, esa canción de Rubén Goldín.
Las fresas salvajes que esa joven Sara recolectaba en su canasta y que luego cayeron por el beso robado por Sigfrid fueron la posibilidad de amar de Isak, ese hombre hierático pero, también me recordaron esa pequeña huerta de frutillas que mi- no menos- hierática abuela tenía en el patio trasero de su casa.
Me encantaba estar en cuclillas tocando la blanca arena donde crecían, viendo cómo demoraban en madurar. Esa vez que arranqué unas, aún blancas y me retaron tanto mi abuela y mi madre que lloré amargamente. Después, esas rojas frutillas de los cuatro potes de postre que, preparando mi madre, terminaron en el tarro de basura del fondo de mi casa tras una discusión entre mi padre y ella por no ponerse de acuerdo en si (cambié la lapicera por una negra, casualmente la azul se quedó sin tinta) debían permitirme que las comiera antes del almuerzo o no.
Las comí de todos modos, con el llanto ahogado arrodillada sobre el tarro de basura para salirme con la mía. La paliza de mi padre no me dolió.
De pronto, mi ignoto lector, caigo en la cuenta de que yo tampoco conozco el amor (Levanto la vista y sólo veo la hilera de cabezas delante de mí en este regreso en colectivo, se me hace un nudo en la garganta, no sé si podré seguir escribiendo por hoy).

Veo que tiene muchos títulos pero, yo llamaría al film de hoy Fresas robadas.
Siento, de pronto, como si la vida me dijera “Yo no te prometí un jardín de rosas”… pero, me salgo con la mía y le respondo dulcemente con esta canción “Yo no te pido que me bajes una estrella azul, sólo te pido que mi espacio llenes con tu luz…”
Estoy de vuelta en mi casa, del colgante de llaves (no he hallado mejor lugar) cuelga una nueva gran cáscara llena de cicatrices que ayer pinté para la exposición en la facultad por los 25 años de democracia…

Ingmar Bergman, Smultronstället (Cuando huye el día/Fresas salvajes), 1957

Enajenación

30/04/09
[En tiempo previo al film]
Antes de salir tomé deliberadamente una serie de lapiceras de tintes infrecuentes. Me cansé del azul y el negro; ahora comienzo estas líneas…- no habrás de adivinar mi lector ignoto, puesto que esta que elegí se trata nada menos que del naranja, aunque hay, sin embargo, otra verde amarilla y aún más, la magenta-.
Venía meditando en cómo desenrollar esta conversación y encontré un término en mi solitario universo logo-excéntrico. El vocablo en cuestión es enajenado.
Una extraña sensación de enajenación se ha estado apoderando de mí por estas horas y…- cambiaré de tinte, ya que casi no se ven los trazos sobre este blanco papel-.
Te decía que…- se entrecorta el trazo de la lapicera magenta y su punta salta al compás de los propios saltos de este colectivo, “propios” digo, ya casi no leo ni mis propias líneas que se me hacen ajenas por el impacto del movimiento irregular conque me traslado-. El título (se cortó la palabra) del film Ladrones de bicicletas no me dice nada más que “Mirá, han hecho u (en blanco, una)"- cambio por la verde, se ven un poco más que las líneas naranjas, pero no tanto como las magentas, creo que volveré al azul, ¡Oh!, buscar en esta cartera es como entrar en esa grieta abisal de once mil kilómetros, la más profunda que se conozca en el fondo del mar. Bien, por algo los instrumentos de escritura manual son mejores si azules o negros-.
Decía (creo, no recuerdo) que el título del film del día/noche sólo me dice “Mirá que le han hecho un film a los tres que te robaron aquéllas tres bicicletas y, en particular la última- casi recién comprada- con la que hacías tus placenteros viajes recorriendo media ciudad hasta esos amaneceres a orillas del río [marrón] Paraná allá por el 2001. Locura de sentir el frío helado de aquel invierno lastimándote la cara mientras pedaleabas uno de tus tantos sueños: el sueño del ejercicio de la docencia. Y hoy… y ahora… enajenada”.
Ya no me quedan ninguna de esas tres bicicletas, decidí no comprarme jamás ninguna otra, no porque no amara el lento o veloz pedaleo poniéndole la cara al viento, sino para no darles el gusto a ellos, a los ladrones.
¡Qué palabra tan desagradable para describir a quienes se apropian de lo ajeno!
Sin querer volví al término enajenado/a, (busco desesperadamente otra hoja para seguir escribiendo) aquel que entra en el juego del ajeno.
Por ahora freno, debo bajar de este vehículo. De veras, quiero saber de qué se trata esta película, aunque ya lo intuya.

[Luego del film]
Noto que no sé cómo y, de alguna manera mi universo logo-excéntrico (así deconstruyo el término a partir de una diferenciación con el de logocentrismo con tanta vigencia por siglos) logra escribir acerca del film del día/noche desde antes de verlo, quizás sea solo algo fortuito o, tal vez sea que esa neurosis obsesiva que siempre me acompaña provoque que asocie los acontecimientos de tal modo que se me hagan siniestros, tal como leyera unos meses atrás en El hombre de la arena analizado por Freud.
Digo siniestro en el sentido de, aquello que debiendo ser familiar se percibe de pronto como ajeno, extraño.
¿Cómo podría haber pensado en el término “enajenación” antes de ver esta maravillosa película de De Sica? La bicicleta era la posibilidad de estar mejor, la posibilidad de comer, de hacer feliz a la propia familia, hasta de recuperar con tan sólo un mes de salario los seis cubrecamas vendidos por la mujer para comprar esa bicicleta pero, una vez enajenada pasó ser más que sólo eso, pasó a ser atributo de la dignidad arrebatada.
La dignidad, tan sostenida tanto por el sombrero del protagonista padre, como por el saco del protagonista niño.
Tan deseada que hasta en nombre de la dignidad misma, la bicicleta hubo de ser robada por el padre frente al dolor de ese niño sin consuelo.
Tuve muchos deseos de llorar por la crudeza del relato. Sí, diré “relato” porque de eso se trató el film de hoy. Relato desde lo verbal y lo no verbal, por sobre todo lo no verbal en los gestos y en los espacios.
Hubo un tiempo y un lugar en que el trabajo- cualquiera fuese- representaba la dignidad. Me planteo que algo ha pasado, en mi entorno el trabajo ya no es atributo de dignidad, sinónimo de bienestar… (Me duermo)



Vittorio De Sica, Ladri di biciclette (Ladrones de bicicletas), 1948

Seducción

23/04/09
[En tiempo previo al film]
Y hoy, a casi un mes del inicio de un nuevo ciclo de magia en movimiento, cuando enmendé la fecha del 26/08/09 por error escrita- ¿Cuál será el significado de tal combinación de números de una fecha que aún no ha llegado para suplir al 26/03/09?- Hoy, como decía, se me abre un debate por el difícil arte de seducir sin llegar a ser abandonante (me permito el neologismo)/abandonado (“De ningún lado vengo y a ningún lado voy”) ¿Es que existe alguna forma de amar sólo seduciendo? ¿Sin que el gerundio devenga acción irrefrenable?. Ciudadano Kane (Me confundo al pensar el título de El ciudadano por su carga cívica, ¿Se tratará de ésta? No es la referencia que tengo) es el film prometido para hoy, uno de los muchos clásicos que siempre quise ver.
Sigo aún pensando en que sí existo, pero no quiero hacer sólo eso: existir; un ser como simple duración frente a un sistema autoperpetuante (otro neologismo), reproductor. Me vienen de pronto las letras junto a la melodía de la canción de Marilina Ross: Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir, porque no es lo mismo que vivir honrar la vida…
(Una ambulancia gira velozmente a la izquierda con el ulular de su sirena y el titilar de su luz verde desde la vía contraria de esta avenida por la cual me dirijo al centro, voy veloz también, sentada en el asiento individual del 122 verde, justo sobre la rueda; estos ocasionales compañeros de viaje también corren y, de tanto en tanto se equilibran en su propia inercia, igual que yo con cada frenada del vehículo. Me miran o miran sus reflejos en las ventanillas, meditabundos).

[Luego del film]
¡Oh! ¡Al fin puedo darte la bienvenida, mi desconocido lector! Ahora sí, gracias a esta maravillosa joya del cine de todos los tiempos cuya palabra clave para describirla, a mi criterio, es: seducción. Seducción, como ya te intentaba definir, aún sin saberlo, en el trayecto a su proyección unas tres horas y media atrás.
¿Cómo no volver a mencionar esos tres términos que propuse previamente para (aún sin haberlo visto nunca antes) el film del día: seducción y [el eterno juego del] abandonante/abandonado.
Ciudadano Kane, tan solo un norteamericano como intentaba autodefinirse en vida, aún sin serlo porque sólo teníamos a ese otro: un hombre a quien le habían robado la vida para poner en su lugar el poder del tener personificado. Un hombre sin vida, sin su ser, el que hubiera podido existir si sólo seguía su cause de niño-que-juega-en-la-nieve-con-su-trineo.
Ciudadano Kane nos seduce, digo desconocido lector, no sólo por su imagen que se sirve de cuanto recurso ya hubiera inaugurado la historia del cine previo a su estreno (La profundidad de campo, los primeros planos y sus relaciones con otros planos sucesivos- Reviso el celular y respondo tres mensajes que no oí, pero lo pienso y este es un “ruido” que interfiere, sin embargo, el fluido de estas líneas- las tomas en picada y contrapicada, los reflejos en los espejos, los fundidos y las luces, el empleo del sonido, tanto como el guión con su secreto y el personaje protagónico mismo, a quien aún pensándolo de ficción por la exageración de sus rasgos, fue seduciéndome de tal modo que al desvanecerse en el negro humo de la chimenea de esa gigante boca-estufa (pieza final del rompecabezas) consume todo aquello que no pudo ser Charles Kane (Ese frío, hierático hombre que no pudo siquiera sostener sus propios principios, impuestos por otros en verdad, para sí).
Es imposible para mí escribir acerca de este film sin mencionar a mi tío M, quien autodidacta hasta no hace mucho me hubiera comentado hace más de diez años atrás acerca de esta belleza, la cual no podía ni debía perderme, a su decir y, quien no se equivocó puesto que, de todos los films que vi desde el año pasado éste es el primero que relaciona de tal manera lo visible, lo audible, lo narrable- lo sensible al fin- al punto que se me hace insuperable por algún otro.
Mi larga jornada que empezó a las 4:30 am con tan sólo dos horas de sueño anteriores no me impide, sin embargo, querer encender mi PC para comenzar a pasar estas líneas.
Nunca hasta ahora quedé tan fascinada por el séptimo arte como hoy. Existe- sí- un amor muy profundo que contiene en sí mismo el difícil arte de seducir sin por ello llegar a ser abandonante/abandonado… Orson Welles así me lo termina de enseñar, estimado lector ignoto.

Orson Welles, Citizen Kane (El ciudadano/Ciudadano Kane), 1941

Las personas sí existen


[Prefacio]

¡Qué paradoja! Estoy borrando parte del documento del Ciclo del Cine Forum- 2008 y para no perder el formato del texto al retomar, de pronto me queda la frase con la que inicié estas líneas el año pasado: “El Ciclo de Cine Forum que hoy comenzó tiene un prefacio para mí. Podría haberlo escrito exactamente ocho días atrás, cuando fui a ver El retrato de Jeannie por primera vez sola al Madre Cabrini…”. Volver a empezar, que no se acabe el juego, volver a intentar que no se apague el fuego, queda mucho por andar… Otra vez las letras del memorable tema de Alejandro Lerner en mi cabeza y ahora sí, ahí va, empiezo la trascripción de mis manuscritos en código binario.

26/03/09
[En tiempo previo al film]
He estado meditando desde hace unas horas y al fin decido comenzar estas líneas con un lápiz, quizás por su cercanía al boceto, el ensayo previo de aquello que dará inicio a este nuevo Ciclo de Cine Forum… ¡Oh, el del 2008!
¡Cuántas emociones evocan de pronto en estas marcas del grafito sobre el blanco papel!
Una semana atrás, aquella directora de escuela primaria, delgada y bronceada, rubia ella, muy artificial, con su mirada de ojos azules y su mueca de forzada sonrisa me decía mostrando buena parte de su dentadura: "¿Sabés qué pasa Clarita? A este sistema no le importan las personas, las personas no existen en este sistema…"
Hoy, firme en mi postura de ayer frente a mis colegas vuelvo a enunciar: Las personas sí existen. Existen los chicos, existimos nosotros, existo yo también.
Me niego a ser reproductora del sistema (Si es que hay sistema)… Creo que algo de esto que vengo pensando y afirmando encontraré en el film que en breve veré… Veamos, mientras llego leeré un fragmento más de Una educación sensorial de Rafael Argullol:
“Cada época ha reproducido su propio infierno de la carne…”, leo.

[Luego del film]
Y ahora sí, deliberadamente, y tras revolver de mi cartera (debe haber un agujero negro aquí porque lo que busco desaparece y aparece cuando se le da la gana] descartando los tres bolígrafos azules, empiezo este escrito en lapicera negra…
Por una razón bien determinada la canción Aurora, la que debiera poseer bellas letras hacia la Enseña Patria, de la Patria a la que elegí pertenecer, mi Patria, jamás me provocó otra sensación que no fuera de dolor, desde que, con lágrimas de honda pena por la nostalgia tuviera que entonarla en aquel colegio católico todas las mañanas al izamiento de la bandera a media asta, allá por junio de 1982 luego de mi regreso a Rosario. Y esta noche, al final del film Garage Olimpo, como corolario del horror de mi Patria, de mi dolor, del dolor de mi historia de familia deshecha tras el autoexilio para sobrevivir.
Veo todos estos jóvenes regresando de sus estudios en el colectivo, con sus carpetas y cuadernos espiralados oficio pendiendo de sus brazos derechos que contemplan el movimiento del exterior desde las ventanillas y pienso nuevamente: Las personas sí existen. ¿Acaso en el film de hoy, Félix el verdugo y captor no le dijo a María, víctima de secuestro, acá las personas no existen?
Y volvieron las palabras que pronunciara aquella directora de escuela primaria desde su escritorio, mientras apoyaba sus dos manos sobre éste para afirmar su sentencia con total vehemencia.
Algo ha pasado, este hombre de unos sesenta años me mira serio desde su par de anteojos de cristales fotocromáticos, con una bolsa de medicamentos pendiendo de su mano izquierda y sigo pensando: Algo ha pasado…
Si alguna vez hubo un operativo para limpiar las conciencias de todo vestigio de pensarse a sí mismas, a sí mismos y al otro como personas, quiero no pensar que ese tal operativo, macabramente tuvo éxito. Quiero pensar que ese éxito sólo lo es en parte porque las personas sí existimos, aún con el dolor de nuestros desaparecidos.
Es momento de hablar de ello de una buena vez.

Marcos Becáis, Garage Olimpo, 1999

Mi fiesta inolvidable

20/11/08Y, ¡Vaya que sí la tuvo! Aunque, hoy prefiero escribir con esta lapicera de tinta azul como los sueños, a una semana de La fiesta inolvidable. Sobre esta mesa se hallan dispersos todos los catálogos y mis escritos sobre los films que vi a lo largo de los más de cuatro meses, también está el célebre texto de Michel Foucault, Esto no es una pipa, con la banda de sonido original de las películas de Federico Fellini de fondo. Justo el tema 8- La dolce Vita- con un sonido acompasado casi al ritmo de los latidos de mi corazón.
La dolce vita… ese film que no vi pero, que lleva implícita esa escena de una tal Anita mojándose en la Fuente de Trevi, según me contara Emilio, y que se relaciona tanto con mi performance de marzo de 2005 en la Fuente de las Utopías donde, a pesar del deseo del público, no pude desnudarme. Mucha agua ha corrido entre mis manos y mis pies desde entonces y, pude desnudarme de otras tantas maneras en mis obras.
Hace quince días pensaba que no iba a poder estar presente para el cierre del Cineforum 2008, no obstante, los hechos se sucedieron de tal modo que allí estuve celebrando mi cumpleaños con todo el publico y sus aplausos pero, sobre todo con La fiesta inolvidable, ese film (ahora suena Bocaccio 70, ¡Cuánto me he perdido!) en que un inocente actor indostaní encarnado en Peter Sellers comete accidentalmente toda una serie de enredos insólitos que se desenlazan del modo más inesperado también, hallando el amor.
El amor, el amor, siempre oculto para manifestarse aún en lo absurdo y terminar nadando entre burbujas de espuma. El amor, tan etéreo y escurridizo como pompas de jabón. Y el arte, esa ilusión que si entra en el terreno de la realidad nos muestra que estamos perdidos, el arte ha de seguir siendo precisamente eso: ilusión.
“Acorralando por dos veces a la cosa de la que habla, le tiende la trampa más perfecta” leo entre las páginas de Foucault al azar. Todos estos films me han hablado del amor y lo han acorralado mucho más que dos veces.
Luego de Magritte, sigue Foucault, “Llegará un día en que la propia imagen con el nombre que lleva será desidentificada por la similitud indefinidamente transferida a lo largo de una serie. Campbell, Campbell, Campbell, Campbell”. Yo reemplazaré por “Amor, Amor, Amor, Amor”. La serie me recordará que la comedia será entonces la tragedia varias veces repetida y reiré al fin.
Ya no perderé ocasión de encontrarme con este mundo nuevo que se abrió para mí y, el año entrante, desde el verano volveré al Madre Cabrini para seguir viviendo en esa frase de Jeannie “De ningún lado vengo, a ningún lado voy” porque estoy aquí, me quedo aquí en este antiguo templo de Humanidades (Está sonando Roma y recuerdo las vistas aéreas de la ciudad en los grabados de Piranesi) como una nueva sacerdotisa del séptimo arte, el cine.
¡Ah, el cine! ¡Cuánto mundo por explorar! De pronto me veo bella subiendo por el sendero de la joven costurera china.
Nada más real que esta dulce ilusión, ¡Cuánto placer! Y Vitelloni se mezcla con estas lágrimas de emoción rodando por mis mejillas, The party fue hecha a un año de mi nacimiento.

Blake Edwards, La fiesta inolvidable (The party), 1968

Pensar en el más acá

13/11/08
Intento escribir con esta lapicera pero, casi ya no tiene tinta. La cambio… Este bolígrafo chino que compré a un vendedor ambulante en uno de los cuatro colectivos que tomé hoy, quizás tenga algo de tinta para escribir hasta el final de este ciclo.
“Antes que pensar en el más allá prefiero seguir pensando en el más acá”- decía el profesor de teatro que hoy fue con su grupo de alumnos al debate posterior al film del día, o mejor de la noche.
El sentido de la vida pone en foco lo absurdo de la vida misma, con sus rasgos grotescos, mordaces, humorísticos y ácidos al extremo. La risa- ese espasmo involuntario que nace de las contradicciones- emergió hasta provocarme el dolor proveniente de unos músculos abdominales sin ejercicio durante toda la película, desde el corto de presentación donde irónicamente los viejos- con sus no menos viejos modos- abordan literalmente cual piratas y saquean a los jóvenes en sus rascacielos fastuosos.
No pude evitar pensar en esta sensación de longevidad que me invade por estos días previos a mi aniversario número cuarenta y uno. Precisamente, el jueves que viene último día previsto para La fiesta inolvidable será también la memorable fiesta de cierre del Ciclo de Cineforum, a la cual asistiré aunque sea de manera virtual, ya que en cuerpo no estaré presente.
Hay, sí- quizás se note- un dejo de tristeza en estas líneas, pena que sobreviene cuando la magia termina, o al menos la creemos terminada.
“Nada es para siempre, nada es para siempre, no me digas, mi amor, que te falta valor, porque nada es para siempre”- Son las letras de la canción de Fabi Cantilo pero, también está la otra de Gustavo Cerati que me ha enseñado mucho: Poder decir adiós es crecer.
He crecido mucho gracias a este ciclo donde descubrí el mundo una vez más por el camino del arte. El cine me permitió abrir un poco más esa puerta entreabierta/semiabierta de mi ser y, conocí por él un mundo hecho de retazos como el film de hoy, donde los lenguajes del cine, la televisión, el teatro, el videomontaje, la animación virtual y hasta la propia gráfica pueden concatenarse para manifestar lo bello como variedad en la unidad.
Vuelvo al comienzo y recuerdo aquella fría noche de julio en que fui casi como una espía, no sin timidez al Cine Madre Cabrini. De ningún lado vengo y a ningún lado voy- decía Jeannie a su enamorado.
Vuelvo a esta calurosa y casi veraniega noche del final de la primavera y, las palabras de Jeannie abordan este presente casi como el fragmento corsario del corto de presentación invadiendo el cuerpo principal de El sentido de la vida ya cerca de la última etapa.
No podré, sin embargo, decirle adiós al cine, sólo será con el inolvidable Cineforum 2008.
De ningún lado voy, a ningún lado vengo y ¡Este bolígrafo chino increíblemente aún tiene tinta!


Ferry Jones, The meaning of life (El sentido de la vida) de Monty Python, 1983

Danza con La Parca

06/11/08
Una nueva página para escribir acerca de este Ciclo de Cine Forum que ya casi culmina y, también un nuevo ciclo para continuar aquello que hubiera comenzado casi medio año atrás. Cuento con muy poco tiempo para hacerlo, sólo el trayecto de este taxi que hará más veloz y seguro mi retorno a casa.
Hoy venía de la pre-inauguración de la exposición Tiempos Modernos en la Biblioteca Argentina, digo pre porque por razones obvias no me permití quedarme hasta más allá de las 20 y, elegí ver completo este film de Woody Allen, que como todos sus films (o al menos los otros tres suyos que vi) me hacen reír por lo imprevisto de los sucesos, por el absurdo.
Todo el tiempo, no obstante, me remitió este Amor y muerte, la última noche de Boris Grushenko al film del jueves pasado. Muchos interrogantes más se han abierto e iluminan fuertemente esa puerta entreabierta- semiabierta- que representa el ser para Bachelard: ¿Cuándo la irrupción de los acontecimientos inesperados en lo familiar deja de ser siniestro- si alguna vez lo fue- y se transforman en manifestación conductora a la hilaridad inmediata?
Alguna vez reí al oír que alguien me dijo: “La comedia es la tragedia varias veces repetida”…
(Me río también al verme de pronto en este taxi y me pregunto qué estará pensando este hombre de mí escribiendo casi a oscuras aquí atrás).
Cuando uno o más acontecimientos irrumpen reiteradamente pareciera, entonces, que sobreviene el humor: el grotesco.
Baudelaire diferenciaba un grotesco relativo de uno absoluto… (Estoy llegando).


[Seis días después]
Llegué pronto ese jueves, hoy, casi una semana después continúo (y la escritura se prolonga más allá de los límites temporales auto-impuestos). Aquella noche hacía referencia al tratado sobre la Esencia de la risa y, de lo cómico en las artes plásticas de Charles Baudelaire. Allí toma como eje el elemento inasible de lo bello que aparece inclusive en obras que representan la fealdad moral y física del hombre que, en tanto espectáculo lamentable excita en él una hilaridad inmortal e incorregible y, las lágrimas como la risa son hijas de la pena que han venido porque el cuerpo del hombre enervado carecía de fuerzas para contrariarlas.
La risa es satánica, es profundamente humana- sigue, y noto que aquello que me diferencia de mis mascotas después de todo no es mi capacidad de raciocinio, aquella elevada capacidad de pensar como premisa de los humanistas: Existir como una piedra, vivir como una planta, sentir como un animal o pensar como un hombre. Lo que me diferencia considerablemente de mis dos mascotas es mi capacidad para llorar o para reírme de mí misma, aún reírme de mi propia muerte aunque me de pena.
En el film descubrí que la inminencia de la propia muerte puede tomarse como chanza también y no por ello esta visión tiene menos impacto que el provocado por el film Tiempo de vivir.
Tiempo atrás descubrí que la comedia ha sido desvirtuada en el teatro como género menor frente a la tragedia a lo largo de los siglos. Conocí la riqueza de este género que trata mucho de las miserias humanas a partir de Aristófanes, y tanto fue así que en épocas de profundas depresiones llegué a orarle casi como a un santo para que me devolviera la risa, mi risa.
Aún, a veces, sigo convocándolo: San Aristófanes, San Aristófanes, hacéme imaginar una situación cómica para devolverme mi risa. Es una frase mágica puesto que su sola ocurrencia sigue provocándome ese espasmo involuntario al que alude Baudelaire.
La risa es un sentimiento doble o contradictorio y esto provoca la convulsión, su síntoma. Mientras lo cómico es expresión de la idea de superioridad del hombre sobre el hombre, lo grotesco es expresión de superioridad pero del hombre sobre la naturaleza. Allí reside la distinción que hace Baudelaire de lo cómico relativo o significativo- el primer caso- con respecto a lo cómico absoluto: el grotesco que tiene comprobación en la risa.
En este film de Woody Allen hay, a mi criterio, mucho de alusión a lo grotesco porque el foco en la muerte de Boris Grushenko es expresión de la idea de superioridad del hombre sobre su propia naturaleza que lo desenmascara como ser finito.
La Parca lo engañará finalmente y Boris irá a cumplir su sentencia con total inocencia. Es lo que a diario La Parca me hace a mí, pero danzo con ella por ese sendero en perspectiva con dos puntos de fuga flanqueado por las copas de los árboles.

Woody Allen, Love and Death (Amor y muerte, la última noche de Boris Grushenko), 1975

Actuar para vivir

30/10/08
“¡Si sabés que en cualquier momento vas a desaparecer, qué se yo, podrías haber hecho más cosas!”- Así se expresó hoy un muchacho muy joven en el debate posterior al film que nos dejó mudos a todos, o casi a todos. ¡Qué frase tan irónica!. Por mi parte agregaría “¡Si todos supiéramos que en cualquier momento vamos a desaparecer, qué se yo, podríamos hacer más cosas!”, ¿Es que quizás todos quienes hoy estamos aquí no lo hacemos en El tiempo que resta, tal el título de la película en francés traducido al español?
Efectivamente, estamos en un nuevo siglo-milenio en el cual se ha instaurado- como hablé en el debate- un nuevo tabú: el de la muerte.
El director nos expone la realidad de una cultura aún ajena para nuestras convenciones. Una cultura en la cual la diversidad sexual pone en foco al menos dos respuestas para el gran interrogante que me atrajo por su belleza: ¿Qué es el sexo?. Aquí serán: El sexo es para gozar y el sexo es para procrear y, dos nuevas preguntas se abrirán: ¿El sexo tendrá como límite la descendencia? ¿El sexo habrá de tener como fin último la trascendencia?
De algún modo, el protagonista del film trasciende finalmente con la aceptación de la muerte, pero también con la reconciliación consigo mismo, con su niño interior, además del azar manipulado como oportunidad para perpetuarse. Pienso si no será esto lo que nos estará faltando como sociedad.
No puedo olvidar el temor que sentí hoy, cuando en el viaje en colectivo para ir al Cineforum, esos dos jóvenes bajo los efectos de las drogas manifestaban allí un comportamiento siniestro y, en mi reflexión posterior que me llevó a cuestionarme qué estamos dando como sociedad a nuestros jóvenes. Mucho de nuestras frustraciones y de nuestras negaciones, según veo.
Tomo un fragmento del texto El negro cerebro de Piranesi de Marguerite Yourcenar que me encontraba leyendo por enésima vez en el ómnibus mientras me invadía el temor a ser atacada por esos dos jóvenes enajenados: “No podemos dejar de pensar en nuestras teorías, en nuestros sistemas, en nuestras magníficas y vanas construcciones mentales, en cuyos recovecos acaba siempre escondiéndose un condenado… ese mundo ficticio y, no obstante, siniestramente real, claustrofóbico y, sin embargo, megalómano, no deja de recordarnos aquel en que la humanidad moderna se encierra más cada día, y del que empezamos a reconocer los mortales peligros”.
¿Cómo trascender la propia muerte sino dejando huellas?. Registrando, quizás, en un acto desesperado, como las lágrimas bajo la lluvia del replicante de Blade Runner, aquellos momentos vividos que se fugan en el tiempo, congelándolos en ese instante del eso- estuvo- ahí.
La fotografía conlleva la muerte, según Barthes y, no es casual que Franctis Ozon haya elegido ese mecanismo de registro para tratar el tema mismo de la muerte, a mi criterio el eje principal de este film donde es la imagen visual en sí la co-protagonista del relato.
Imágenes de cuerpos tomados como paisajes- que me recordaron a mis paisajes corporales- sobre fondos en fuera de foco, desdibujados en los reflejos de los espejos o en los vidrios de las ventanas. Aparece otra vez la cuestión del cuerpo, de la piel, en mis reflexiones, pero en ésta lo hace como imago, con todo aquello que la etimología del término pueda llegar a deconstruirse hoy.
Rondará nuevamente otro interrogante a partir de ahora: ¿Qué es el cuerpo? O mejor, ¿Cómo vincular sexo, muerte, cuerpo?
Hasta aquí llegué hasta hoy.

[Post- escritura] Por primera vez un film me mueve tanto que me lleva a escribir más allá del tiempo que me demanda el regreso a mi casa. Faltó algo más.
La muerte no nos inmoviliza. Muy por el contrario, es lo que da sentido y nos hace vivir. Quienes percibimos que la muerte es inminente- aún sin saber el momento preciso en que llegará, después de todo quién lo sabe- nos aferramos a la vida y la honramos con lo mejor de nuestros actos. Como en la letra de la canción de Baglietto: “Digamos mejor que es necesario actuar para vivir”.

Franctis Ozon, Le temps qui reste (Tiempo de vivir), 2005

Desocultar lo oculto

23/10/08
Las acciones mudas, así retraduzco a mi español el título de El hada ignorante, por centrar mi atención en esas dos obras de arte que unen los dos mundos de Antonia y Michelle, el encuentro abrupto en principio y que se va haciendo familiar después.
Cuando en la regularidad de aquello que es familiar irrumpen uno o más acontecimientos inesperados, extraños, aparece lo siniestro y da terror.
Esa imagen del cuadro que, luego en el debate me entero que se trató de una obra pintada por el mismo Özpetek da cuenta de lo siniestro. Unos ojos oscuros sin mirada, ojos espectrales en un retrato sin boca en el anverso, oculta en su reverso el registro de la palabra escrita y el desocultamiento de un secreto, tanto como el libro de poemas que Massimo hubo de ir a comprar en el pasado para su esposa y que lo llevó a encontrar una historia de amor con Michelle.
Al final se enuncia la libertad para Antonia en el collar de su tía, es su conquista y, pese a descubrir la dolorosa verdad de la ambivalencia en la vida de su esposo muerto guarda ahora en sus entrañas una vida nueva a partir de su aceptación y del respeto por la verdad del pasado.
Nada hubiera sucedido sin que mediaran estas dos obras. Todo un universo colectivo hallado en los márgenes, en el parergon de la obra de arte. Tanto como en este bellísimo film del director turco, puente entre dos culturas disímiles: la oriental/la occidental, la heterosexual y burguesa/la gay y popular, la masculinidad/la feminidad, el libro/la pintura.
Es la verdad en pintura. Nada habrá a partir de ahora que no sea desocultar aquello que estaba oculto, aprender a decir mi palabra.


Ferzan Özpetek, Le fate ignorante (El hada ignorante), 2001

Diversidad

16/10/08
Un film entrañable, que apela permanentemente a la emoción- Así puedo sintetizar Transamerica- luego de quince días en que realmente extrañé este ciclo cinéfilo semanal- donde cada uno de los protagonistas reconstruye su propia historia para aceptar y elegir la transformación.
No es curioso el inicio con ese personaje modulando su voz para intentar encontrarse con la propia y, un final en que la propia voz es encontrada en el diálogo con el otro.
Un grito casi, emergiendo de las fauces de Bree, la trans que negocia con los límites aceptables para el sistema en pos de su- así la cree hasta entonces- más grande transformación, no podría siquiera imaginar que un incidente tal como el reencuentro con un hijo no reconocido de una parte negada de su propia historia y, la enmienda, el resarcimiento que iniciará con ese viaje en auto de varios días hasta el lugar de destino común. Tendrá, sin embargo, que recurrir a la máscara en principio para acercarse a su hijo y, se generarán una serie de conflictos.
Ella insiste primero en pasar por el pueblo donde se había criado Toby (quien seguiría llamándose así y del cual nunca sabremos su verdadero nombre aunque, en algún momento él mismo haya pensado para sí en otro seudónimo) y ambos reconocerán y compartirán la realidad de un pasado tortuoso para Toby, quien fuera abusado sexualmente por su padrastro.
Luego, el sitio elegido será la casa natal de Bree, con sus padres y una hermana quienes también son parientes de Toby y que, tras enfrentarse a la verdad, también serán reconocidos y compartidos, aunque Toby decida huir de allí, al final, vuelve a buscar a su padre- madre.
Esa imagen final del film tan íntima de ambos protagonistas compartiendo una charla en la escena llena de intimismos lograda con una toma casi con veladura.
Es notable el cambio que se opera en la propia mirada con respecto a la figura trans. Cuando al comienzo del film Bree se va revistiendo de atributos considerados socialmente como femeninos, las tomas de planos de detalle de su cuerpo culminan en su rostro que se hizo grotesca. Pero, al final es tal el grado de aceptación, que lo vi bello. El personaje me inspiró ternura.
Me hizo reflexionar mucho este film, en especial la charla brindada por el Dr. Fernando Costa en el debate y su frase: “Para hablar de diversidad, primero hay que aceptar las diferencias, que las hay porque no existe la homogeneidad” y, en el peso que tiene hablar en términos de normalidad o anormalidad, polarizaciones del siglo XX que han hecho y aún siguen haciendo mucho daño.

Duncan Tucker, Transamerica, 2005

¿Qué es el sexo?

02/10/08
No puedo continuar sin hacer el mea culpa por no haber asistido a la emisión del film del jueves pasado, aunque me parece que haber contenido a mi otra hermana bien valía el sacrificio…
Hoy se inicia un nuevo ciclo con este film encantador que, como tal me sedujo e impidió que lo viera con esta otra perspectiva, la de la óptica de género, así prefiero pensar a la homofobia en general.
Me ha quedado muy marcada esa escena del recorrido visual de David por las calles de La Habana y esas frases suyas “El sexo, siempre el sexo”. “El sexo no se sublima” como diría Freud, según mi terapeuta, aunque en el debate descubrí que hay una parte que sí se sublima y es lo que permite la producción cultural.
Pero, ¿Qué es el sexo? ¿La genitalidad? ¿La heterosexualidad? ¿La homosexualidad? ¿El machismo, el feminismo? ¿Las luchas de las organizaciones gay, lésbicas y trans? ¿Las de la Liga de la decencia o de la Acción Católica?
No es un dato menor la presión de las instituciones sobre los individuos: el matrimonio, la familia, la escuela y la institución social en general. Una presión- prisión que se vale de estereotipos y así surgen otras grandes preguntas ¿Se nace mujer? ¿Se nace hombre? ¿O es el peso de las instituciones el que deja huellas marcadas en la vida de la gente?
No es tampoco un dato menor recordar mi zona generativa, mi nacimiento oculto en un matrimonio obligado en otro país impuesto y, las consecuencias que eso trajo aparejadas a mi identidad.
“El sexo, siempre el sexo”. Pero, ¿Qué es el sexo?
Una pregunta que no logro responder por ahora, una pregunta que es bella así, sin una respuesta porque tiene muchas.

Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, Fresa y chocolate, 1993

Texturas naranjas

11/09/08Y hoy estoy destemplada, el helado viento sur y la falta de sueño en un día post-festejo por el día del maestro contribuyen a aplastar las palabras escritas con esta lapicera negra sobre el papel en blanco tras la visión de Missing, memoria de la historia del horror de nuestros destinos latinoamericanos, arrastre de abusos de estirpes condenadas a cien años de soledad que, sin embargo, y a pesar de Gabriel García Márquez, aún tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra.
Nada es para siempre y, es esa sentencia que no tuvieron presente quienes abusaron de la vida y la dignidad de la gente, quienes abusaron de su poder sin límites.
La muerte prueba que la vida existe. El número de víctimas desaparecidas quiere ser sólo un número en la historia de nuestros pueblos hermanos y escapar a la constatación de la vida. ¿Qué es un desaparecido sino quien ha sido despojado a toda posibilidad de ser imagen, cuando la imagen misma es la aparición, el imago, el phantásmata? “No me importa cómo me devuelvan a mi hijo, vivo, muerto o en pedazos, pero quiero que me lo devuelvan”- inquiría el padre.
Escuché detenidamente cada palabra del Prof. de Historia en el debate y, descubrí un trozo de historia inédito para mí pero a la vez familiar, descubrí también en sus palabras el dolor del exiliado, del despojado de su tierra y de quien, aunque haya vuelto, ya nunca será al mismo lugar, como el niño que adulto regresó a su pueblo en Cinema Paradiso.
El film resuelve el dolor del vacío que produce la ausencia sin el cadáver como presencia. La presencia de la ausencia de todo desaparecido víctima de dictaduras.
El padre da con el cuerpo de su único hijo y, aunque duela saber que ya está muerto, se sabe que está muerto, que lo asesinaron porque hay cuerpo, materia, residuo.
Así es en la ficción de la película, más sé que en la cotidianeidad no hay finales felices para los familiares de desaparecidos.
Estoy llegando a mi casa… Intentaré dormir pensando en quienes ya nunca más podrán hacerlo y recordando la primera escena de texturas naranjas de la memoria.

Costa Gravas, Missing (Desaparecido), 1982