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"Nada muere, todo cambia -dirá Jennie-. Hoy es el pasado de otro tiempo". Quizás al leer más abajo pienses que sólo lloro, mi estimado lector ignoto, pero cuando me conozcas verás que también puedo sonreir.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Amor en burbujas

20/11/08
Y, ¡Vaya que sí la tuvo! Aunque, hoy prefiero escribir con esta lapicera de tinta azul como los sueños, a una semana de La fiesta inolvidable.
Sobre esta mesa se hallan dispersos todos los catálogos y mis escritos sobre los films que vi a lo largo de los más de cuatro meses, también está el célebre texto de Michel Foucault, Esto no es una pipa, con la banda de sonido original de las películas de Federico Fellini de fondo. Justo el tema 8- La dolce Vita- con un sonido acompasado casi al ritmo de los latidos de mi corazón.
La dolce vita… ese film que no vi pero, que lleva implícita esa escena de una tal Anita mojándose en la Fuente de Trevi, según me contara Emilio, y que se relaciona tanto con mi performance de marzo de 2005 en la Fuente de las Utopías donde, a pesar del deseo del público, no pude desnudarme.
Mucha agua ha corrido entre mis manos y mis pies desde entonces y, pude desnudarme de otras tantas maneras en mis obras.
Hace quince días pensaba que no iba a poder estar presente para el cierre del Cineforum 2008, no obstante, los hechos se sucedieron de tal modo que allí estuve celebrando mi cumpleaños con todo el publico y sus aplausos pero, sobre todo con La fiesta inolvidable, ese film (ahora suena Bocaccio 70, ¡Cuánto me he perdido!) en que un inocente actor indostaní encarnado en Peter Sellers comete accidentalmente toda una serie de enredos insólitos que se desenlazan del modo más inesperado también, hallando el amor.
El amor, el amor, siempre oculto para manifestarse aún en lo absurdo y terminar nadando entre burbujas de espuma. El amor, tan etéreo y escurridizo como pompas de jabón.
Y el arte, esa ilusión que si entra en el terreno de la realidad nos muestra que estamos perdidos, el arte ha de seguir siendo precisamente eso: ilusión.
“Acorralando por dos veces a la cosa de la que habla, le tiende la trampa más perfecta” leo entre las páginas de Foucault al azar. Todos estos films me han hablado del amor y lo han acorralado mucho más que dos veces. Luego de Magritte, sigue Foucault, “Llegará un día en que la propia imagen con el nombre que lleva será desidentificada por la similitud indefinidamente transferida a lo largo de una serie. Campbell, Campbell, Campbell, Campbell”.
Yo reemplazaré por “Amor, Amor, Amor, Amor”. La serie me recordará que la comedia será entonces la tragedia varias veces repetida y reiré al fin. Ya no perderé ocasión de encontrarme con este mundo nuevo que se abrió para mí y, el año entrante, desde el verano volveré al Madre Cabrini para seguir viviendo en esa frase de Jennie “De ningún lado vengo, a ningún lado voy” porque estoy aquí, me quedo aquí en este antiguo templo de Humanidades (Está sonando Roma y recuerdo las vistas aéreas de la ciudad en los grabados de Piranesi) como una nueva sacerdotisa del séptimo arte, el cine.

¡Ah, el cine! ¡Cuánto mundo por explorar! De pronto me veo bella subiendo por el sendero de la joven costurera china. Nada más real que esta dulce ilusión, ¡Cuánto placer! Y Vitelloni se mezcla con estas lágrimas de emoción rodando por mis mejillas, The party fue hecha a un año de mi nacimiento.

Blake Edwards, La fiesta inolvidable (The party), 1968

jueves, 13 de noviembre de 2008

El sentido de la vida, de Ferry Jones

13/11/08
Intento escribir con esta lapicera pero, casi ya no tiene tinta. La cambio… Este bolígrafo chino que compré a un vendedor ambulante en uno de los cuatro colectivos que tomé hoy, quizás tenga algo de tinta para escribir hasta el final de este ciclo.
“Antes que pensar en el más allá prefiero seguir pensando en el más acá”- decía el profesor de teatro que hoy fue con su grupo de alumnos al debate posterior al film del día, o mejor de la noche.
El sentido de la vida pone en foco lo absurdo de la vida misma, con sus rasgos grotescos, mordaces, humorísticos y ácidos al extremo. La risa- ese espasmo involuntario que nace de las contradicciones- emergió hasta provocarme el dolor proveniente de unos músculos abdominales sin ejercicio durante toda la película, desde el corto de presentación donde irónicamente los viejos- con sus no menos viejos modos- abordan literalmente cual piratas y saquean a los jóvenes en sus rascacielos fastuosos. No pude evitar pensar en esta sensación de longevidad que me invade por estos días previos a mi aniversario número cuarenta y uno. Precisamente, el jueves que viene último día previsto para La fiesta inolvidable será también la memorable fiesta de cierre del Ciclo de Cineforum, a la cual asistiré aunque sea de manera virtual, ya que en cuerpo no estaré presente.
Hay, sí- quizás se note- un dejo de tristeza en estas líneas, pena que sobreviene cuando la magia termina, o al menos la creemos terminada. “Nada es para siempre, nada es para siempre, no me digas, mi amor, que te falta valor, porque nada es para siempre”- Son las letras de la canción de Fabi Cantilo pero, también está la otra de Gustavo Cerati que me ha enseñado mucho: Poder decir adiós es crecer.
He crecido mucho gracias a este ciclo donde descubrí el mundo una vez más por el camino del arte. El cine me permitió abrir un poco más esa puerta entreabierta/semiabierta de mi ser y, conocí por él un mundo hecho de retazos como el film de hoy, donde los lenguajes del cine, la televisión, el teatro, el videomontaje, la animación virtual y hasta la propia gráfica pueden concatenarse para manifestar lo bello como variedad en la unidad.
Vuelvo al comienzo y recuerdo aquella fría noche de julio en que fui casi como una espía, no sin timidez al Cine Madre Cabrini. De ningún lado vengo y a ningún lado voy- decía Jennie a su enamorado. Vuelvo a esta calurosa y casi veraniega noche del final de la primavera y, las palabras de Jennie abordan este presente casi como el fragmento corsario del corto de presentación invadiendo el cuerpo principal de El sentido de la vida ya cerca de la última etapa.
No podré, sin embargo, decirle adiós al cine, sólo será con el inolvidable Cineforum 2008. De ningún lado voy, a ningún lado vengo y ¡Este bolígrafo chino increíblemente aún tiene tinta!

Ferry Jones, The meaning of life (El sentido de la vida) de Monty Python, 1983

jueves, 6 de noviembre de 2008

Love and death, de Woody Allen

06/11/08
Una nueva página para escribir acerca de este Ciclo de Cine Forum que ya casi culmina y, también un nuevo ciclo para continuar aquello que hubiera comenzado casi medio año atrás. Cuento con muy poco tiempo para hacerlo, sólo el trayecto de este taxi que hará más veloz y seguro mi retorno a casa.
Hoy venía de la pre-inauguración de la exposición Tiempos Modernos en la Biblioteca Argentina, digo pre porque por razones obvias no me permití quedarme hasta más allá de las 20 y, elegí ver completo este film de Woody Allen, que como todos sus films (o al menos los otros tres suyos que vi) me hacen reír por lo imprevisto de los sucesos, por el absurdo.
Todo el tiempo, no obstante, me remitió este Amor y muerte, la última noche de Boris Grushenko al film del jueves pasado. Muchos interrogantes más se han abierto e iluminan fuertemente esa puerta entreabierta- semiabierta- que representa el ser para Bachelard: ¿Cuándo la irrupción de los acontecimientos inesperados en lo familiar deja de ser siniestro- si alguna vez lo fue- y se transforman en manifestación conductora a la hilaridad inmediata?
Alguna vez reí al oír que alguien me dijo: “La comedia es la tragedia varias veces repetida”…
(Me río también al verme de pronto en este taxi y me pregunto qué estará pensando este hombre de mí al verme escribiendo casi a oscuras aquí atrás).
Cuando uno o más acontecimientos irrumpen reiteradamente pareciera, entonces, que sobreviene el humor: el grotesco. Baudelaire diferenciaba un grotesco relativo de uno absoluto…
(Estoy llegando).

[Seis días después]
Llegué pronto ese jueves, hoy, casi una semana después continúo (y la escritura se prolonga más allá de los límites temporales auto-impuestos).
Aquella noche hacía referencia al tratado sobre la Esencia de la risa y, de lo cómico en las artes plásticas de Charles Baudelaire. Allí toma como eje el elemento inasible de lo bello que aparece inclusive en obras que representan la fealdad moral y física del hombre que, en tanto espectáculo lamentable excita en él una hilaridad inmortal e incorregible y, las lágrimas como la risa son hijas de la pena que han venido porque el cuerpo del hombre enervado carecía de fuerzas para contrariarlas.
La risa es satánica, es profundamente humana- sigue, y noto que aquello que me diferencia de mis mascotas después de todo no es mi capacidad de raciocinio, aquella elevada capacidad de pensar como premisa de los humanistas: Existir como una piedra, vivir como una planta, sentir como un animal o pensar como un hombre. Lo que me diferencia considerablemente de mis dos mascotas es mi capacidad para llorar o para reírme de mí misma, aún reírme de mi propia muerte aunque me de pena.
En el film descubrí que la inminencia de la propia muerte puede tomarse como chanza también y no por ello esta visión tiene menos impacto que el provocado por el film Tiempo de vivir.
Tiempo atrás descubrí que la comedia ha sido desvirtuada en el teatro como género menor frente a la tragedia a lo largo de los siglos. Conocí la riqueza de este género que trata mucho de las miserias humanas a partir de Aristófanes, y tanto fue así que en épocas de profundas depresiones llegué a orarle casi como a un santo para que me devolviera la risa, mi risa. Aún, a veces, sigo convocándolo: San Aristófanes, San Aristófanes, hacéme imaginar una situación cómica para devolverme mi risa.
Es una frase mágica puesto que su sola ocurrencia sigue provocándome ese espasmo involuntario al que alude Baudelaire.
La risa es un sentimiento doble o contradictorio y esto provoca la convulsión, su síntoma. Mientras lo cómico es expresión de la idea de superioridad del hombre sobre el hombre, lo grotesco es expresión de superioridad pero del hombre sobre la naturaleza. Allí reside la distinción que hace Baudelaire de lo cómico relativo o significativo- el primer caso- con respecto a lo cómico absoluto: el grotesco que tiene comprobación en la risa.
En este film de Woody Allen hay, a mi criterio, mucho de alusión a lo grotesco porque el foco en la muerte de Boris Grushenko es expresión de la idea de superioridad del hombre sobre su propia naturaleza que lo desenmascara como ser finito. La Parca lo engañará finalmente y Boris irá a cumplir su sentencia con total inocencia.
Es lo que a diario La Parca me hace a mí, pero danzo con ella por ese sendero en perspectiva con dos puntos de fuga flanqueado por las copas de los árboles.

Woody Allen, Love and Death (Amor y muerte, la última noche de Boris Grushenko), 1975