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"Nada muere, todo cambia -dirá Jennie-. Hoy es el pasado de otro tiempo". Quizás al leer más abajo pienses que sólo lloro, mi estimado lector ignoto, pero cuando me conozcas verás que también puedo sonreir.

jueves, 28 de agosto de 2008

La sirena del Mississipi, de Francois Truffaut

28/08/08
He aquí una historia de amor verdadero. El amor es así, duele.
Se trata de una historia de amor salida de los cánones clásicos pero no por ello menos verdadera.“El arte es ilusión, si entra en el terreno de la realidad estamos perdidos” afirma Baudrillard, y este film desconcierta.
Una mujer distante, digna de adoración como le expresara el protagonista, su enamorado, la adoración a un objeto de culto peligrosamente seductor en sus lados oscuros. Dos enamorados que nada tienen en común con una Love Story, ya que el juego de las oposiciones es tan fuerte que se hace por momentos demasiado real.
Recuerdo aquella frase: “El ser humano es imprevisible, somos imprevisibles porque estamos hechos de libertad” y, aquí el amor que había comenzado en un espacio y lugar cálidos pero, aún sin la suficiente firmeza como para hacerse cercano, lo hizo al fin en un ámbito sumamente frío y hostil, hasta en medio de una nevada, aunque más ardiente que nunca.
“Te amo”, le dirá Marion a Louis Mahé. “Te creo”, serán las palabras finales de su incondicional enamorado.“¿Sabes qué sale de tu boca cuando eres mala?. Sapos. Sí, sí. Sapos… Y cuando eres buena, collares de perlas”.
Los sapos que salen de la boca de Marion cuando es mala me recordó a mi lado escuerzo. Esa protección que de nada me resguardaba en el pasado.
Me pregunto por qué Truffaut opuso un ser viviente para lo malo a un objeto inanimado para lo bueno. Noto, ahora que lo pienso, que la perla como formación calcárea realizada por el animal para defenderse de un elemento hostil no es- después de todo- una metáfora inapropiada de la risa como atributo de la bondad en este personaje por momentos sumamente cruel, como es Marion.
Por otra parte, distinguí ciertos motivos que se repiten en los tres films que ya vi de este director. La velocidad de los transportes: trenes bala, aviones, transatlánticos hacen su aparición en momentos clave y, siempre son destacados, no pasan inadvertidos.
Asocio este motivo con La revolución de los transportes de Paul Virilio. La velocidad con que el hombre se transporta puede provocar accidentes de magnitudes directamente proporcionales y, en este film, como en los anteriores de Truffaut no dejan de ocurrir accidentes que hasta podrían dar cuenta de la Teoría del caos, nada de lo esperable puede ocurrir… No logro terminar de escribi…

Francois Truffaut, La Sirène du Mississipi (La sirena del Mississipi), 1969

jueves, 21 de agosto de 2008

Notorious, de Alfred Hitchcock

21/08/08
Hoy voy a comenzar por el final magistral de Tuyo es mi corazón, esa escalera ascendente secundada por un par de farolas a cada lado y, en un único punto de fuga, la puerta allí arriba iluminada, con las siluetas de los verdugos, los nazis, que esperan a Sebastián con una suerte de castigo divino ante el accionar desalmado de un esposo traicionero y, la pareja de enamorados de éste lado, en fuera de campo, salvada por el poder del amor.
No puedo tampoco omitir las dos citas del film que reconocí inmediatamente en otros dos relativamente actuales. El primero, que es más evidente, se trata de esta Alicia que reconozco como una Nikita enamorada de ese despiadado Devlin quien no se inmuta en lo más mínimo, por cumplir con su deber (la cuestión del deber tan tratada en Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime- Fundamentación de la Metafísica de las costumbres de Kant que estoy leyendo por estos días) y, la otra cita, aunque paródica la encuentro en aquella comedia de los años 80, Una chica al rojo vivo, en la cual aparece esta misma escena de la pareja cabalgando, con una Alicia con traje de montura y un sombrero cubriéndole medio rostro y, luego, hincando el caballo para salir al galope.
Ahora, leo el fragmento del libro El cine según Hitchcock de Truffaut: “La historia de Notorious es la del riesgo-conflicto entre el amor y el deber”. Notorious hace notoria cómo abrir y cerrar, o cerrar y abrir, la puerta del conflicto con la Única llave, la del amor verdadero.
Si Sebastián evidenciaba un amor más profundo que Devlin por Alicia, no supo rescatarla de la situación tras descubrirla como agente secreto y, la entregó en manos de su propia madre por salvar sus apariencias y su pellejo. Podríamos pensar que Devlin ha cumplido con su deber hasta la última instancia cuando rescata a Alicia, pero el diálogo entre ambos protagonistas dejaría en claro, en mi opinión, que la potencial huida de Devlin a España, por no poder soportar el dolor de ver a su amada en los brazos de otro fue aplazada porque no podía hacerla sin saber qué había sido de ella.
Notorious me remite a lo evidente y, Devlin al menos empleó en dos momentos de suspenso actitudes evidentes como medio de salvar las situaciones ocultas. La primera, en la bodega cuando permite que Sebastián los viera besándose para desviar la atención con la obviedad y, la segunda, cuando baja las escaleras con Alicia moribunda en brazos y el juego de palabras obvias empleadas para escapar.
El secreto del amor tan íntimamente guardado por ambos protagonistas, es por lejos, sin embargo, lo más notable para mí. Las razones de que así sea, aún seguirán permaneciendo obtusas.

Alfred Hitchcock, Notorious (Tuyo es mi corazón), 1946

jueves, 14 de agosto de 2008

La novia vestía de negro, de François Truffaut

14/08/08
No puedo esperar llegar a casa y ponerme los lentes, que hoy me olvidé, para escribir acerca de este film de Truffaut, el cual vi mejor que ninguno hasta ahora, aún sin ellos.
Nada menos que el tema del matrimonio frustrado por causas de irresponsabilidad de un acto externo, como motor de la venganza-justicia de July.
July, esa protagonista de mirada hierática cuyo nombre todos conocemos pero, que es tan genialmente transformado en fantasma que hasta nos preguntamos junto con las víctimas quién es, cómo se llama esa mujer, dónde, cómo y cuándo pasó a ser la viuda y dejó de ser la novia.
Me ha conmovido una de las últimas frases de la actriz Liliana Gioia quien encabezó el debate final luego del film: “Es la imprevisibilidad de lo humano. Somos seres imprevisibles porque estamos hechos de libertad”.
Veo de pronto que esta lapicera conque escribo es negra y las letras de estas líneas resaltan sobre el fondo blanco del papel.
Llevo el fantasma de la carga de la viuda. Soñaba, al casarme, con el príncipe azul. En un sueño reciente me decía a mi misma “Yo era la mejor esposa que un hombre puede tener”.

Al recordar mis propias palabras en sueños no puedo sino asociarlas con la pena de July y el final maravilloso del film en fuera de campo trayéndome esas otras palabras en off del mismo sueño “y todavía podés seguir siéndolo…”. Por eso me digo: Clara, la novia vestía de negro.
François Truffaut, La mariée était en noir (La novia vestía de negro), 1968

jueves, 7 de agosto de 2008

Vértigo, de Alfred Hitchcock

07/08/08
La necesidad tiene cara de hereje, afirma el dicho y, así fue hoy, que tuve que optar por tomar el reemplazo en la escuela justo cuando salía en dirección a la Facultad para ver el film de la semana. Pero, llegué a tiempo para gozar de la segunda parte y ver a esa mujer desesperada por satisfacer a su amado al punto de permitirle transformarse en la mujer que él había, y aún seguía amando.
Ella habría de caer al abismo de la manera más insospechada, sólo por un susto, sólo por el acoso de su propio miedo.
Sonó la campana.
“¿Sería capaz de soportar la mirada de sus ojos?”- Leo en el catálogo y, retomo el otro film que en parte también vi anoche, Modigliani quien le había dicho a su amada que sólo cuando la amara de veras podría ver a través de sus ojos el brillo de su alma. Modigliani los había pintado finalmente. El objeto cuando se encuentra de verdad es siniestro, te aniquila. Yo agregaría, te traspasa.
Es el vértigo de la realidad.
Alfred Hitchcock, Vértigo, 1958