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"Nada muere, todo cambia -dirá Jennie-. Hoy es el pasado de otro tiempo". Quizás al leer más abajo pienses que sólo lloro, mi estimado lector ignoto, pero cuando me conozcas verás que también puedo sonreir.

sábado, 30 de enero de 2010

Luna entre las Dolfines

01/10/09
[Antes del film]
Casi pierdo el 110 negro, corrí los últimos veinte metros cruzando la avenida, y ahora me senté nuevamente con la rueda izquierda trasera delante y por debajo de mis pies. Comienza el fluido de estas líneas al ritmo de mi agitada respiración. El transporte va lento, sin embargo, el sol acaricia en amarillo naranja los frentes que sé blancos de esas casas a lo lejos, más allá aún brillan las dos torres más altas de la ciudad prontas a inaugurarse, se ven desde todos sus puntos según me han dicho, desde aquí parecen cercanas. Una luna quizás en 3/4 creciente se alza a 45º por el horizonte cyan, ahora que la observo bien está casi llena (¿Será creciente o menguante? Tendré que averiguarlo en algún calendario)
La situación creciente o menguante de la luna que- para el caso se percibe en este presente del mismo modo- tendrá que ver con la consideración del pasado y el futuro de su ciclo, vale decir, si la observo en este aquí y ahora y, sin ninguna información al respecto puede ser tanto creciente como menguante, la opción válida será aquella que contemple la totalidad de su ciclo. Estoy pensando desde mi universo logo-excéntrico una vez más esta vez en un fragmento, en una parte que guarda coherencia de verdad sólo en su relación con un todo, recuerdo para el caso aquella definición renacentista de belleza: “Bello es aquello a lo que no puede quitársele nada, ni agregársele nada sin romper su armonía”.
La bella luna cuasi llena sí que es bella de día, menguante o creciente, sólo dependerá del cristal de verdad con el que se la mire, en cuanto a mí, mi estimado lector ignoto, que sea en este momento la una o la otra no le resta nada, ni le agrega nada a su particular belleza.
Iré primero a ver una inauguración en Amigos del Arte, y luego a retomar mi ciclo de Cine Forum habitual. Nada sé respecto de la muestra ni del film del final del día/noche de hoy. La luna ahora brilla blanca con más intensidad en el cyan que se ha vuelto azul violeta, más abajo las luces encendidas del parque de diversiones se remarcan en la rueda inmóvil, ni bien sobrevenga la noche comenzará a funcionar.
Un nuevo giro del 110 y otro más.
La ciudad se ve calma, casi como el lento ritmo de este colectivo, me detuve un largo rato a mirarla por las ventanillas, un anciano parado en la puerta de su casa, otra anciana cruzando la calle, un grupo de jóvenes y uno en bicicleta en una esquina, una niña jugando entre las barandas de ingreso de un autoservicio y su madre que la llama en un gesto, un hombre esperando para cruzar la calle, una mujer cruzándola y el molesto chirrido de la puerta de descenso del 110 que esboza en mí una sonrisa al traerme las letras de esa canción folclórica: “Porque no engraso los ejes me llaman abandonao…”
Pienso, me ha hecho bien el impasse, retorno con más brío, sin aceleraciones y en calma, te dejo ahora.

[Después del film]
Noche más que apacible para un film que convoca a la pasión, mi estimado lector ignoto. Mi visita a la muestra colectiva en Amigos del Arte fue fugaz, pero suficiente para admirar ese cuadro de un pintor a quien conocí en persona de apellido Locatelli, “Desertificación”, tal su obra de 1990. Luego, Letras prohibidas, el film del final del día/noche que vi por primera vez y que aún sigue combinando en mí el placer llevado al extremo, uniendo los opuestos de lo cómico y lo trágico, lo sensual erótico de imágenes y letras escritas con cuanta materia disponible hubiere.
Cuando el artista se halla más encarcelado es cuando más fuerza toma su obra.
L me contaba la asociación que se hacía del apellido del pintor con una supuesta enfermedad psiquiátrica de parte suya. Y, sin embargo, su cuadro con un paisaje de muchas pinceladas está más poblado de lo que a primera vista parece.
Leo el catálogo del film, “[…] lo que sucede cuando rechazas que una imaginación verdaderamente libre es solo una forma de expresarse”, según el autor del guión. Agrego, el problema aparece cuando el peso de las instituciones (llámense social, eclesial, matrimonial, familiar) inciden directamente coartando la libertad imaginativa.
Estoy llegando a mi casa, mi querido lector ignoto. Me planteo que quizá deba comenzar a leer esas letras prohibidas de una buena vez y que el Marqués de Sade me insufle de la pasión que necesito para mostrarte mi amor.
Llegué.

Philip Kaufman, Letras prohibidas (Quills), 2000

Suspensión, de Estimado Lector Ignoto y Sueñambar

24/09/09

[Antes del film] 

Voluntariamente dejé pasar dos jueves (y la lapicera azul con cubierta naranja se quedó sin tinta, reviso el fondo más subterráneo de mi cartera, ha salido la de tinta negra, no la deseo esta vez, saco otra azul, clásica y argentina birome azul, humm, no es argentina, leo la marca Micro Dolce, una pequeña punta asegura la fluidez de una dulce tinta en mis líneas ya no tan irregulares y, el salto del 125 la ha hecho trastabillar en un giro al veloz galope otra vez). Te decía, mi estimado lector ignoto, que dejé pasar voluntariamente dos jueves sin nuestro ciclo de cine habitual para descansar y reponerme, con la intención de ir a ver el supuesto film del final del día/noche de hoy (¿Será Drácula?) pero, la inauguración de una exposición que parece prometedora hace que precise de un jueves aplazado más. Voy camino a dicha inauguración, espero que el film sacrificado bien lo valga y que el azúcar de esta micro sensación colme de más sabor el film del próximo jueves, habremos de aplazarnos para retomar con mayor brío nuestros encuentros placenteros.





[Después de la inauguración] 

Así es, fueron encuentros placenteros (Una niña apoyada en el asiento que está delante de mí me pregunta: "¿Todo eso escribiste vos?" No le respondo y continúo, intento concentrarme). 

Exactamente dos horas y media antes- la niña bajó, cierro la ventanilla, el viento helado se cuela implacable por allí- me hallaba en veloz trayecto a pie por esa calle en dirección al oeste, me esperaba el encuentro con la música de un amigo a quien sólo conocía en la virtualidad. Te decía, entonces, que en mi rápido trayecto escuché las campanadas de las diez de la noche, casi como las que oyera una Cenicienta y llegué al bar, lo vi desde lejos, las ventanas iluminadas daban cuenta de un pequeño escenario vacío, busqué entre la… (La letra vuelve a hacerse irregular, el asfalto ha de ser muy accidentado por aquí) gente que estaba reunida afuera. Luego, hice un rápido recorrido circular en la esquina... [primera frase autocensurada a posteriori de su escritura y publicación, como sucederá a futuro con muchas otras, a conciencia de que mi libertad termina donde empieza la ajena], me decidí y entré para ir directo a su encuentro. 

No dudé en saludarlo y presentarme, él aseguró que si yo no lo hacía tampoco me reconocería. 

A veces pienso en mi imagen frente a los demás, pienso en la imagen que tengo de mí, pienso, digo bien, en esas dos imágenes tan disímiles que conviven en mí pujando por sobresalir una por sobre la otra, imágenes que a veces entran en conflicto y en otras conviven (Más saltos sobre esta avenida al sur) en el más firme lazo. 

La música en vivo fue excelente, disfruté cada acorde con un placer inconmensurable. No fue un aplazo el de esta noche, mi estimado lector ignoto, fue suspensión, de pronto me hallé volando al ras de un sentido conocido como realidad y pensé en mis sueños de futuro, entonces ahora sí que caigo en la cuenta, soy una mujer de acción y es por eso que puedes considerarme auténticamente soñadora.





Estimado Lector Ignoto y Sueñambar, Suspensión, Inauguración de la Colección del MUSAC en el MACRO y Recital del grupo Venezia en el Bar Olimpo, Rosario, 24/09/09

Él, jamás

03/09/09
[Antes del film]
Minutos antes había lanzado una estridente carcajada cuando leí- con los ojos nublados como este día- que, el film previsto para el final de este día/noche es nada menos que El hombre que nunca estuvo, no me detuve en detalles, así es que ni sé quién es el director de este título, sólo me detuve en esa frase y, emergió involuntariamente ese espasmo fruto de las contradicciones al que alude Baudelaire, como ya te contara unos films atrás, mi estimado lector ignoto.
Es que así es, tantos años invertidos para un hombre que nunca estuvo. Ese pretérito indefinido aún resuena en sus ecos en este presente de absoluta soledad, como siempre fue.
El 122 va algo lento en su rueda izquierda trasera justo debajo de mí, se detiene para subir más pasajeros. Pienso ahora en esa letra de la canción de Charly García: “Pasajera en trance, pasajera en tránsito perpetuo… un amor real es como dormir y estar despierto…”


Me he detenido durante más de un kilómetro en mis anulados pensamientos mirando el paso de la avenida con el tránsito de luces desplazado velozmente por las ventanillas de grandes cristales de la mano contraria. Un giro ahora hacia una calle angosta, mis piernas están incómodas sobre este desnivel bajo el asiento, intento estirarlas, pero la postura es aún más incómoda, espero el suceso que no llega, nada diferente, quizás deba mudarme de asiento, aunque sólo en éste hay buena iluminación.

De pronto me asalta una idea: El hombre que nunca estuvo es como el suceso que no llega en la irregularidad de los minutos. Nunca estuvo, pero sin embargo es un hay, en su carácter tácito… Suspendo estas líneas por ahora, se ve que no tengo demasiado por decirte o quizás el silencio sea todo para eso.

[Después del film]
Llueve intensamente, la intersección de esas dos calles desde la esquina brillaba vivamente con las luces reflejadas sobre los charcos, casi como la potente luz magistralmente distribuida durante las escenas de El hombre que nunca estuvo allí, tal el título del film original en inglés traducido al español. El complemento “allí” resignifica- mediante esa combinación de cuatro letras- todo el estado previo de la frase con un sentido plenamente más vago de expresar “que nunca estuvo” a cambio de “que nunca estuvo allí” da por supuesto su carácter de oposición y, a la vez, paradójico, siendo sólo una negación. ¿Ese hombre estuvo allí? Pues, si es así neguémoslo para siempre con un sentido de eternidad: “nunca”.
Si estuvo, si hubo un simple barbero que sólo por azar soñó con modificar el suceso, el curso de los hechos, pues no estuvo allí en ese terreno de los deseos y de las ilusiones que transforman a un hombre de acción en más soñador que el soñador mismo.
Hoy no hubo debate luego del film, esta maravilla colmada de recursos cinematográficos para narrar una historia que podría no tener sentido terminó abruptamente con la veloz huída de los sólo cinco espectadores que colmábamos la sala. Quizás nunca el silencio por azar fue más oportuno para sintonizarse con las sensaciones provenientes de mi universo logo-excéntrico previo al film.
Sería una espléndida noche para llegar a mi casa y refugiarme al calor de ese hombre, pero estimado lector ignoto, (¿Estuviste hoy aquí?) ambos sabemos que nunca estuvo allí.
Quedan resonando en el espacio de mis impresiones las melodías de la sonata Claro de luna de Beethoven…


Joel y Ethan Coen, El hombre que nunca estuvo (The man who wasn’t there), 2001

La piedra en el puño

27/08/09
[Antes del film]
Al fin un alto en tanta corrida, de un soplido me sumerjo en el viento habitual del 122 verde, cierro las ventanillas, hace mucho calor pero nunca se sabe si a través de ellas pueda venir algún proyectil pétreo de algún que otro infante sobreviviente de la denominada crisis (guerra para mí) de 2001. Esos niños han sido expulsados del vientre del sistema, alimentados con ácido fólico desde el vientre de sus madres para no sufrir la carencia de nutrientes y lo hicieron apretando piedras en sus puños, al menos a veces así intento hallar significados a una acción tan sin sentido como la de lanzarles piedras a un ómnibus al paso.
Nuevo suspiro y sobreviene el cansancio que agobia y que espero no me derribe para conservar la atención necesaria para el film del final del día/noche, mi estimado lector ignoto.
Pensaba mientras corría veloz antes de este momento de paréntesis en lo difícil que se hace comenzar a soñar con mudarse, cambiar de vivienda cuando alguna vez uno se propuso dar corte al nomadismo de toda una vida y volverse sedentario para alojarse en un único sitio.
Pensaba en el movimiento y el detenimiento, mover, detener y viceversa… No sé si esto tenga o no alguna relación con el film propuesto para hoy: Enrico IV, ¿quién será? Sólo conozco al otro Enrique, el que duplica en número al suyo. No sé. Dejemos la incertidumbre en manos de los pensamientos traídos por mi universo logo-excéntrico. Rompo un sobre para ver cuánto implica la factura del teléfono para la economía del mes por venir, es sólo un ruido en nuestra comunicación. Humm, no es tanto esta vez, el valor monetario asignado a tantos momentos de placentera comunicación superan ese valor insignificante: “comunicándonos hogares” leo en la publicidad anexa y, vuelvo a pensar en el hogar, en lo difícil que es eso para un desarraigado.
No sé por qué ahora, en este instante mismo recordé aquel libro leído en mi adolescencia: Juan Salvador Gaviota, libro del que no he leído ni escuchado comentario desde hace más de veinte años. Una gaviota que por soñadora quiso volar más allá de la altura acordada por su comunidad, hecho que le costó el exilio, a él, Juan Salvador, y otros más que siguieron su ejemplo. Pienso en el desarraigo, en el exilio, en el nomadismo y el sedentarismo, pienso otra vez en los niños con las piedras apretadas en sus puños listas para ser lanzadas directamente a las ventanillas de este colectivo. En La lentitud, de Milan Kundera, leí un fragmento muy atractivo “Nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar y para realizar este deseo, se entrega al demonio de la velocidad […]”.
No soy ajena a esta realidad, también quiero olvidar… pero no dormirme en el exilio de los sueños que aún esperan. Quiero llenar de significados el término “hogar” para poder hacerlo “mi hogar”. Releo las últimas líneas de nuestra comunicación sobre el film anterior: “Vengan al futuro, los estamos esperando”. ¿Vamos, mi estimado lector ignoto?

[Después del film]

Y digamos mejor que es necesario actuar para vivir… Ahora resuenan las melodías de esa canción de Baglietto en mi mente tras asistir a la proyección de Enrico IV, y sabiendo quién es ahora, un enamorado no correspondido que para huir de los fantasmas de la realidad construye su propia máscara de loco frente a los demás y así congela el tiempo y el espacio que, tras más de veinte años se irán poniendo en movimiento nuevamente como el artilugio mecánico de un antiguo reloj suspendido en la misma hora fija: nueve menos cinco (4/IV), 8:55 el 9, la nada en numerología.
Este film de trama tan compleja de Marco Bellocchio trastoca todos los pilares de nuestras más firmes creencias en una realidad constituida por nosotros, los cuerdos, frente a las de los otros, los locos.
“No estoy loco porque puedo actuar de loco” afirmará el emperador desenmascarado, quién luego habrá reído mordazmente junto a sus bufones. Recordé en esta escena aquello que escribiera Charles Baudelaire acerca de lo cómico en las artes plásticas, sobre la risa, movimiento involuntario, convulsión espasmódica del cuerpo frente a la situación insólita y no dominable.
La risa es- ¿Recordás mi estimado lector ignoto?- más terrena y humana cuanto que es aquello que me diferencia de mis mascotas.
Magdalena hoy trajo en el debate posterior, el significado del término “familia” para los romanos que podían mostrar frente a los demás su carácter como “mejor familia” según la cantidad de fámulas, sirvientes, con los que contaban. Enrico IV poseía cuatro bufones y músicos quienes serán los primeros ante quienes el actor se quitará el personaje arrojando piedras de utilería en ese momento… y rememoré el puño apretado con la piedra…
Me duermo al escribirte, cerré por hoy la carpeta que contiene esta hoja.



Marco Bellocchio, Enrico IV, 1984

Sublime belleza

20/08/09[Antes del film]
Ya está, vuelvo a echar a rodar mis sueños. ¿Es que alguna vez se detuvieron? Tras cincuenta y cinco días sin mi ciclo de Cine Forum habitual, esta lapicera- al fin una lapicera, de cargada tinta azul con cubierta naranja- se desliza ansiosa por el blanco papel, tanto como las ruedas traseras de este 125 que van debajo y por delante de mis pies…
Pienso en el film previsto para el final del día/noche de hoy, es uno de Woody Allen cuyo título no recuerdo, pero que me trae aquel otro suyo que viera el año pasado con un Boris Grushenko danzando con la Parca sobre ese sendero y, a la vez, medito sobre este nuevo libro que reposa en mi regazo a los saltos de cada irregularidad (¡Qué término!) del asfalto. La novela soñada de la realidad, la primera modesta novela de un amigo que pasó de la virtualidad a la realidad ayer cuando asistí a la presentación de su primera obra literaria, una presentación cargada de emotividad por su historia de vida. Una tal Valeria pregunta: “¿Cuántas maneras de morir hay?” y otra tal Ariadna responde: “Son diferentes las maneras en que una persona muere: algunas lo hacen después de una larga enfermedad [esta apertura al azar trata del tema de la muerte según leo] en su casa o alguna clínica; otros, de manera abrupta en algún accidente u homicidio…”
Mmm, creo que me confundo de film, ahora que recuerdo no, no es un film de Woody Allen, es uno acerca de la vida de un director de cine de malas películas. ¿Serán de aquellas catalogadas de bizarras o cine Z? Si es así, es un juicio de valor muy nefasto para una rama de la producción del séptimo arte, mi estimado lector ignoto.
Sigamos con las páginas al azar de esta novela (la letra de pronto se me hace más irregular, es que el trayecto de empedrados de esta calle evidencia en el fluir de mis líneas un acento en los saltos. Bien, la avenida asfaltada otra vez, debería conservar la soltura de la letra fluida, lo es, sí, al detenerse el 125 frente a un semáforo y una ambulancia con su titilante luz verde, pero a paso lento cruzó por la vía contraria). Abro el libro.
Alusión al comportamiento social aceptable en las plazas públicas, Valeria vuelve a preguntar: “Papi, ¿quieres decir que hay suciedad de perros en la calle por culpa de la gente?” Ariadna es quien responde: “Sí, eso mismo. Quizás sea por falta de educación de la gente, por mala voluntad de cooperar con un mejor estilo de vida para todos […] Mami, se puede conseguir que estas cosas cambien?” Vuelve a preguntar Valeria (ha de ser una niña seguramente) “… cada pequeña modificación para bien será una gran contribución para la sociedad en su conjunto”. ¡Justo lo que siempre afirmo!: EL CAMBIO SIEMPRE EMPIEZA POR Y CON UNO.
En mi confusión inicial por el director del film que habré de ver en breve cambié uno por otro. Éste ha dejado el tema de la muerte y tácitamente mira al futuro. Oscar Wilde afirma que el hombre de acción tiene más ilusiones que el propio soñador, es que el hombre de acción, al tener su vista puesta en el futuro- ese tiempo plenamente imaginario y el más ficcional de todos, después de todo ¿quién predice el instante de la propia muerte?- da por supuesta la existencia de un porvenir y por ello vive de ilusión.
Pero la ilusión es necesaria para significar el presente, instante fugaz de tiempo (¡Qué irregularidad hay ahora en este trazo! Quizás se trate de la fina punta de esta lapicera, tal vez a la vuelta retome el bolígrafo y otra vez la ilusión del fututo). ¿El hombre de acción, entonces, es más soñador que el soñador mismo? ¿O el hombre de acción es el propio soñador? Me atrae la última de estas dos preguntas, mi estimado lector ignoto.
(Otra ambulancia a mi lado esta vez, la luz atraviesa el cristal de esta ventanilla a mi izquierda, estoy por llegar, la ambulancia pasó rápidamente).
“Los tesoros ocultos que desconocemos”, tal un capítulo más adelante en el libro. ¿Qué tesoros ocultos están esperándome a unas cuadras? (El semáforo se ha puesto en verde y continúo en la vía, hay más luces titilando adelante, éstas son amarillas, son de una grúa de auxilio). Ciento cuarenta y tres, leo el número del colectivo esperando en la vía que cruza a ésta por la que voy.
Uno más cuatro, más tres es igual a ocho. Ciento veinticinco, uno más dos, más cinco es igual a ocho. En numerología hoy es el número ocho la vedette.
Luces que titilan en los garajes, en los carteles de neón, verdes, rojos, azules, rojos. Ya debo dejarte por ahora… Estoy a dos cuadras, espero llegar en breve, ya sueño con ese momento de magia en movimiento…

[Después del film]
Ed Wood, tal el título del film de Tim Burton sobre la biografía del cineasta homónimo, etiquetado por la historia del cine como el peor director de la historia. Un hombre apasionado por sobre todo con plena fe en lo que hacía, con plena fe en Ed Wood mismo, pese a los momentos de dubitación no lo suficientemente intensos como para lograr derribar al propio Ed Wood.
¿Por qué el peor cineasta de la historia sería encumbrado y trasciende (es terrible la irregularidad de mi letra al sentarme detrás de la rueda de este 125 de regreso) como lo hace en el film de otro director, quien de algún modo le rinde homenaje?
La obra de Ed Wood y su trascendencia para el cine tiene, a mi criterio, su correlato en la pintura del Aduanero Rousseau, esa pintura ingenua que trasciende también y gesta todo un género en la pintura naif posterior.
Este cine bizarro del peor director de la historia, mi estimado lector ignoto, considero que no provoca duda pensarlo surgido de cierta crítica: aquella que se dedica a juzgar mediante criterios de valoración del más diverso tenor.
El film de Tim Burton pone en escena el papel censurador del talento por parte de los productores cinematográficos. Así lo vemos directamente en la charla que- en la ficción del film- tienen al encuentro Ed Wood y Orson Wells, paradójicamente quien es considerado como el peor, junto al mejor de la historia del cine. Allí vemos a un Orson Wells pensando en que Ciudadano Kane pudo ser su mejor obra porque trabajó con plena libertad, sin el recorte de ningún productor. Quizás sí, las dificultades económicas hayan sido el desafío, el motivo que llevó a Ed Wood valerse de cuanto recurso hubiere para alcanzar sus objetivos, pero también podría ser cierto que ese fuera suficiente motivo como para que, en su no disposición con productor alguno, lograra constituirse en un soñador.
Te decía antes del film que el hombre de acción al vivir de la ilusión en un futuro de promisión (aquello que conocemos como proyectos) es un gran soñador y Ed Wood así lo demostró. Cientos de proyectos como motor de su acción, cómo obtener los recursos para llegar al sueño: Hacer la mejor película y ser el más exitoso de todos.
Conozco acerca de esa pasión, mi estimado lector ignoto, de la pelea a cada segundo de tu presente para llegar a esa tierra de utopías llamada futuro.
“Vengan al futuro, los estamos esperando”, me parecerá leer en uno de los guiones de sus films.
Estoy llegando. Lo de la letra irregular no me ha quedado al margen, sólo lo he demorado. Por otra parte, “irregular” es un término sinónimo de raro, el cual he estado investigando por estos días, va desde el extremo de ser el más sólido espeso de lo excelente a lo menos denso de una condición volátil, gaseosa.
Ed Wood es raro, pero no porque se queda en uno de los polos, sino por su pertenencia a los dos. Un híbrido que logró combinar lo bello y lo sublime para lograr que podamos empezar a ver sus films con su belleza sublime y ése, mi estimado lector ignoto, es a mi parecer su carácter auténtico.


Tim Burton, Ed Wood, 1994