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"Nada muere, todo cambia -dirá Jennie-. Hoy es el pasado de otro tiempo". Quizás al leer más abajo pienses que sólo lloro, mi estimado lector ignoto, pero cuando me conozcas verás que también puedo sonreir.

sábado, 4 de agosto de 2012

Hacer un puente

Aquel frío sábado salí luego de una muestra de fotos, en la que pensaba sumarme con algún grupo para pasar el resto de la noche cenando en compañía y me encontré de pronto sola en la calle con la duda de qué hacer, si volver a mi casa (luego de tanto preparativo) o tomarme el taxi que rápidamente abordé sin rumbo cierto, y sin vergüenza dije muy decidida: "Voy al centro, a ver... al Cairo- fue lo primero que vino a mi mente- a Sarmiento y Santa Fe", y así me vi comprando una entrada para el film de las 22, faltaban unos diez minutos y la chica de la recepción me dijo que tenía muy buena crítica, que la gente salía encantada y que me iba a gustar. Y así fue. Ese film, mi compañía por una hora y media fue la más tierna como consoladora historia de amor por el otro.
Luego salí de allí y nuevamente me pregunté por unos instantes adónde iría, tenía hambre, pensé en ir a cenar a algún sitio, ¿pero adónde? Sin gúia alguna comencé a seguir a dos mujeres que salieron antes, ellas eran casi una brújula aquella noche, tomaron Sarmiento hacia el río y pensé: "van a cenar a otro lugar, no al Cairo", pronto giraron por San Lorenzo y adiviné el sitio al que en minutos entramos, allí estaba la segunda mesa libre en la Sede que tenía las restantes colmadas de gente, tras lo cual degusté aquel exquisito panaché de verduras que me sugiriera la moza, quien conmovida quizá por mi soledad me atendió divinamente. Por supuesto que le correspondí con una buena propina.
Fue una noche completa con mi soledad y la disfruté como nunca.

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