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"Nada muere, todo cambia -dirá Jennie-. Hoy es el pasado de otro tiempo". Quizás al leer más abajo pienses que sólo lloro, mi estimado lector ignoto, pero cuando me conozcas verás que también puedo sonreir.

jueves, 14 de agosto de 2008

La novia vestía de negro, de François Truffaut

14/08/08
No puedo esperar llegar a casa y ponerme los lentes, que hoy me olvidé, para escribir acerca de este film de Truffaut, el cual vi mejor que ninguno hasta ahora, aún sin ellos.
Nada menos que el tema del matrimonio frustrado por causas de irresponsabilidad de un acto externo, como motor de la venganza-justicia de July.
July, esa protagonista de mirada hierática cuyo nombre todos conocemos pero, que es tan genialmente transformado en fantasma que hasta nos preguntamos junto con las víctimas quién es, cómo se llama esa mujer, dónde, cómo y cuándo pasó a ser la viuda y dejó de ser la novia.
Me ha conmovido una de las últimas frases de la actriz Liliana Gioia quien encabezó el debate final luego del film: “Es la imprevisibilidad de lo humano. Somos seres imprevisibles porque estamos hechos de libertad”.
Veo de pronto que esta lapicera conque escribo es negra y las letras de estas líneas resaltan sobre el fondo blanco del papel.
Llevo el fantasma de la carga de la viuda. Soñaba, al casarme, con el príncipe azul. En un sueño reciente me decía a mi misma “Yo era la mejor esposa que un hombre puede tener”.

Al recordar mis propias palabras en sueños no puedo sino asociarlas con la pena de July y el final maravilloso del film en fuera de campo trayéndome esas otras palabras en off del mismo sueño “y todavía podés seguir siéndolo…”. Por eso me digo: Clara, la novia vestía de negro.
François Truffaut, La mariée était en noir (La novia vestía de negro), 1968

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