Intento escribir con esta lapicera pero, casi ya no tiene tinta. La cambio… Este bolígrafo chino que compré a un vendedor ambulante en uno de los cuatro colectivos que tomé hoy, quizás tenga algo de tinta para escribir hasta el final de este ciclo.
“Antes que pensar en el más allá prefiero seguir pensando en el más acá”- decía el profesor de teatro que hoy fue con su grupo de alumnos al debate posterior al film del día, o mejor de la noche.
El sentido de la vida pone en foco lo absurdo de la vida misma, con sus rasgos grotescos, mordaces, humorísticos y ácidos al extremo. La risa- ese espasmo involuntario que nace de las contradicciones- emergió hasta provocarme el dolor proveniente de unos músculos abdominales sin ejercicio durante toda la película, desde el corto de presentación donde irónicamente los viejos- con sus no menos viejos modos- abordan literalmente cual piratas y saquean a los jóvenes en sus rascacielos fastuosos. No pude evitar pensar en esta sensación de longevidad que me invade por estos días previos a mi aniversario número cuarenta y uno. Precisamente, el jueves que viene último día previsto para La fiesta inolvidable será también la memorable fiesta de cierre del Ciclo de Cineforum, a la cual asistiré aunque sea de manera virtual, ya que en cuerpo no estaré presente.
Hay, sí- quizás se note- un dejo de tristeza en estas líneas, pena que sobreviene cuando la magia termina, o al menos la creemos terminada. “Nada es para siempre, nada es para siempre, no me digas, mi amor, que te falta valor, porque nada es para siempre”- Son las letras de la canción de Fabi Cantilo pero, también está la otra de Gustavo Cerati que me ha enseñado mucho: Poder decir adiós es crecer.
He crecido mucho gracias a este ciclo donde descubrí el mundo una vez más por el camino del arte. El cine me permitió abrir un poco más esa puerta entreabierta/semiabierta de mi ser y, conocí por él un mundo hecho de retazos como el film de hoy, donde los lenguajes del cine, la televisión, el teatro, el videomontaje, la animación virtual y hasta la propia gráfica pueden concatenarse para manifestar lo bello como variedad en la unidad.
Vuelvo al comienzo y recuerdo aquella fría noche de julio en que fui casi como una espía, no sin timidez al Cine Madre Cabrini. De ningún lado vengo y a ningún lado voy- decía Jennie a su enamorado. Vuelvo a esta calurosa y casi veraniega noche del final de la primavera y, las palabras de Jennie abordan este presente casi como el fragmento corsario del corto de presentación invadiendo el cuerpo principal de El sentido de la vida ya cerca de la última etapa.
No podré, sin embargo, decirle adiós al cine, sólo será con el inolvidable Cineforum 2008. De ningún lado voy, a ningún lado vengo y ¡Este bolígrafo chino increíblemente aún tiene tinta!
Ferry Jones, The meaning of life (El sentido de la vida) de Monty Python, 1983

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