Una nueva página para escribir acerca de este Ciclo de Cine Forum que ya casi culmina y, también un nuevo ciclo para continuar aquello que hubiera comenzado casi medio año atrás. Cuento con muy poco tiempo para hacerlo, sólo el trayecto de este taxi que hará más veloz y seguro mi retorno a casa.
Hoy venía de la pre-inauguración de la exposición Tiempos Modernos en la Biblioteca Argentina, digo pre porque por razones obvias no me permití quedarme hasta más allá de las 20 y, elegí ver completo este film de Woody Allen, que como todos sus films (o al menos los otros tres suyos que vi) me hacen reír por lo imprevisto de los sucesos, por el absurdo.
Todo el tiempo, no obstante, me remitió este Amor y muerte, la última noche de Boris Grushenko al film del jueves pasado. Muchos interrogantes más se han abierto e iluminan fuertemente esa puerta entreabierta- semiabierta- que representa el ser para Bachelard: ¿Cuándo la irrupción de los acontecimientos inesperados en lo familiar deja de ser siniestro- si alguna vez lo fue- y se transforman en manifestación conductora a la hilaridad inmediata?
Alguna vez reí al oír que alguien me dijo: “La comedia es la tragedia varias veces repetida”…
(Me río también al verme de pronto en este taxi y me pregunto qué estará pensando este hombre de mí al verme escribiendo casi a oscuras aquí atrás).
Cuando uno o más acontecimientos irrumpen reiteradamente pareciera, entonces, que sobreviene el humor: el grotesco. Baudelaire diferenciaba un grotesco relativo de uno absoluto…
(Estoy llegando).
[Seis días después]
Llegué pronto ese jueves, hoy, casi una semana después continúo (y la escritura se prolonga más allá de los límites temporales auto-impuestos).
Aquella noche hacía referencia al tratado sobre la Esencia de la risa y, de lo cómico en las artes plásticas de Charles Baudelaire. Allí toma como eje el elemento inasible de lo bello que aparece inclusive en obras que representan la fealdad moral y física del hombre que, en tanto espectáculo lamentable excita en él una hilaridad inmortal e incorregible y, las lágrimas como la risa son hijas de la pena que han venido porque el cuerpo del hombre enervado carecía de fuerzas para contrariarlas.
La risa es satánica, es profundamente humana- sigue, y noto que aquello que me diferencia de mis mascotas después de todo no es mi capacidad de raciocinio, aquella elevada capacidad de pensar como premisa de los humanistas: Existir como una piedra, vivir como una planta, sentir como un animal o pensar como un hombre. Lo que me diferencia considerablemente de mis dos mascotas es mi capacidad para llorar o para reírme de mí misma, aún reírme de mi propia muerte aunque me de pena.
En el film descubrí que la inminencia de la propia muerte puede tomarse como chanza también y no por ello esta visión tiene menos impacto que el provocado por el film Tiempo de vivir.
Tiempo atrás descubrí que la comedia ha sido desvirtuada en el teatro como género menor frente a la tragedia a lo largo de los siglos. Conocí la riqueza de este género que trata mucho de las miserias humanas a partir de Aristófanes, y tanto fue así que en épocas de profundas depresiones llegué a orarle casi como a un santo para que me devolviera la risa, mi risa. Aún, a veces, sigo convocándolo: San Aristófanes, San Aristófanes, hacéme imaginar una situación cómica para devolverme mi risa.
Es una frase mágica puesto que su sola ocurrencia sigue provocándome ese espasmo involuntario al que alude Baudelaire.
La risa es un sentimiento doble o contradictorio y esto provoca la convulsión, su síntoma. Mientras lo cómico es expresión de la idea de superioridad del hombre sobre el hombre, lo grotesco es expresión de superioridad pero del hombre sobre la naturaleza. Allí reside la distinción que hace Baudelaire de lo cómico relativo o significativo- el primer caso- con respecto a lo cómico absoluto: el grotesco que tiene comprobación en la risa.
En este film de Woody Allen hay, a mi criterio, mucho de alusión a lo grotesco porque el foco en la muerte de Boris Grushenko es expresión de la idea de superioridad del hombre sobre su propia naturaleza que lo desenmascara como ser finito. La Parca lo engañará finalmente y Boris irá a cumplir su sentencia con total inocencia.
Es lo que a diario La Parca me hace a mí, pero danzo con ella por ese sendero en perspectiva con dos puntos de fuga flanqueado por las copas de los árboles.
Woody Allen, Love and Death (Amor y muerte, la última noche de Boris Grushenko), 1975

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