Al fin pude volver a ver este film que me había impactado treinta y cinco años atrás, cuando yo sólo contaba con poco más de cinco años. Y esta vez pude disfrutarlo en toda la magnitud de los símbolos del color.
Sólo recordaba el final, ese núcleo de libros vivientes caminando por el parque- bosque bajo los copos de nieve, el rostro del protagonista, ese gesto de tristeza en los rostros, y la sensación de salvación de la palabra escrita devenida, ahora, oral. Noto que en el film hay una contundente presencia de la imagen en tanto apocalíptica. Me parece que lo es en esas pantallas gigantes de televisión y en la revista de historietas sin texto escrito, único acceso permitido a la comunicación/incomunicación en ese mundo del totalitarismo.
Al rojo del cuartel de bomberos y de las imágenes del film en general se oponen el verde amarillo de una manzana, símbolo de la tentación y del pecado original, que termina casi consumida por la protagonista cerca del final de la película.
No he podido olvidar aquel acontecimiento que esta película significó en mi infancia, ya entonces conocía muy bien los alcances de una requisa.
Tan sólo un año antes habían violentado mi casa en busca de libros “subversivos” que mi padre, supuestamente podría haber guardado allí. Quizás por eso haya quedado tan marcada en mi memoria la escena de los peoples-boocks. Pienso que a partir de allí tuve la necesidad de aferrarme a los libros del modo que fuera.
No quisiera, sí, que el libro que elegí para dejarle a las generaciones que me vayan a preceder sea repetido tal cual. Quisiera que quien tuviera el rol de transmitirlo no hiciera sólo eso, transmitirlo tal cual, quisiera que se pudiera seguir completando.
Mi libro no está cerrado. Tal cual una pintura, vale por su lectura, vale por aquello que de nuevo pueda agregársele. Me sorprendo al descubrir que la protagonista lleva por nombre Clarisse, quien es considerada insociable por ese mundo totalitario. “Todo depende de lo que se entienda por social”- dice.
No quisiera, sí, que el libro que elegí para dejarle a las generaciones que me vayan a preceder sea repetido tal cual. Quisiera que quien tuviera el rol de transmitirlo no hiciera sólo eso, transmitirlo tal cual, quisiera que se pudiera seguir completando.
Mi libro no está cerrado. Tal cual una pintura, vale por su lectura, vale por aquello que de nuevo pueda agregársele. Me sorprendo al descubrir que la protagonista lleva por nombre Clarisse, quien es considerada insociable por ese mundo totalitario. “Todo depende de lo que se entienda por social”- dice.

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