Y hoy estoy destemplada, el helado viento sur y la falta de sueño en un día post-festejo por el día del maestro contribuyen a aplastar las palabras escritas con esta lapicera negra sobre el papel en blanco tras la visión de Missing, memoria de la historia del horror de nuestros destinos latinoamericanos, arrastre de abusos de estirpes condenadas a cien años de soledad que, sin embargo, y a pesar de Gabriel García Márquez, aún tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra.
Nada es para siempre y, es esa sentencia que no tuvieron presente quienes abusaron de la vida y la dignidad de la gente, quienes abusaron de su poder sin límites.
La muerte prueba que la vida existe. El número de víctimas desaparecidas quiere ser sólo un número en la historia de nuestros pueblos hermanos y escapar a la constatación de la vida.
¿Qué es un desaparecido sino quien ha sido despojado a toda posibilidad de ser imagen, cuando la imagen misma es la aparición, el imago, el phantásmata? “No me importa cómo me devuelvan a mi hijo, vivo, muerto o en pedazos, pero quiero que me lo devuelvan”- inquiría el padre.
Escuché detenidamente cada palabra del Prof. de Historia en el debate y, descubrí un trozo de historia inédito para mí pero a la vez familiar, descubrí también en sus palabras el dolor del exiliado, del despojado de su tierra y de quien, aunque haya vuelto, ya nunca será al mismo lugar, como el niño que adulto regresó a su pueblo en Cinema Paradiso.
El film resuelve el dolor del vacío que produce la ausencia sin el cadáver como presencia. La presencia de la ausencia de todo desaparecido víctima de dictaduras. El padre da con el cuerpo de su único hijo y, aunque duela saber que ya está muerto, se sabe que está muerto, que lo asesinaron porque hay cuerpo, materia, residuo.
Así es en la ficción de la película, más sé que en la cotidianeidad no hay finales felices para los familiares de desaparecidos.
Estoy llegando a mi casa… Intentaré dormir pensando en quienes ya nunca más podrán hacerlo y recordando la primera escena de texturas naranjas de la memoria.
Costa Gravas, Missing (Desaparecido), 1982

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