[Antes del film]
Casi pierdo el 110 negro, corrí los últimos veinte metros cruzando la avenida, y ahora me senté nuevamente con la rueda izquierda trasera delante y por debajo de mis pies. Comienza el fluido de estas líneas al ritmo de mi agitada respiración. El transporte va lento, sin embargo, el sol acaricia en amarillo naranja los frentes que sé blancos de esas casas a lo lejos, más allá aún brillan las dos torres más altas de la ciudad prontas a inaugurarse, se ven desde todos sus puntos según me han dicho, desde aquí parecen cercanas. Una luna quizás en 3/4 creciente se alza a 45º por el horizonte cyan, ahora que la observo bien está casi llena (¿Será creciente o menguante? Tendré que averiguarlo en algún calendario)
La situación creciente o menguante de la luna que- para el caso se percibe en este presente del mismo modo- tendrá que ver con la consideración del pasado y el futuro de su ciclo, vale decir, si la observo en este aquí y ahora y, sin ninguna información al respecto puede ser tanto creciente como menguante, la opción válida será aquella que contemple la totalidad de su ciclo. Estoy pensando desde mi universo logo-excéntrico una vez más esta vez en un fragmento, en una parte que guarda coherencia de verdad sólo en su relación con un todo, recuerdo para el caso aquella definición renacentista de belleza: “Bello es aquello a lo que no puede quitársele nada, ni agregársele nada sin romper su armonía”.
La bella luna cuasi llena sí que es bella de día, menguante o creciente, sólo dependerá del cristal de verdad con el que se la mire, en cuanto a mí, mi estimado lector ignoto, que sea en este momento la una o la otra no le resta nada, ni le agrega nada a su particular belleza.
Iré primero a ver una inauguración en Amigos del Arte, y luego a retomar mi ciclo de Cine Forum habitual. Nada sé respecto de la muestra ni del film del final del día/noche de hoy. La luna ahora brilla blanca con más intensidad en el cyan que se ha vuelto azul violeta, más abajo las luces encendidas del parque de diversiones se remarcan en la rueda inmóvil, ni bien sobrevenga la noche comenzará a funcionar.
Un nuevo giro del 110 y otro más.
La ciudad se ve calma, casi como el lento ritmo de este colectivo, me detuve un largo rato a mirarla por las ventanillas, un anciano parado en la puerta de su casa, otra anciana cruzando la calle, un grupo de jóvenes y uno en bicicleta en una esquina, una niña jugando entre las barandas de ingreso de un autoservicio y su madre que la llama en un gesto, un hombre esperando para cruzar la calle, una mujer cruzándola y el molesto chirrido de la puerta de descenso del 110 que esboza en mí una sonrisa al traerme las letras de esa canción folclórica: “Porque no engraso los ejes me llaman abandonao…”
Pienso, me ha hecho bien el impasse, retorno con más brío, sin aceleraciones y en calma, te dejo ahora.
[Después del film]
Noche más que apacible para un film que convoca a la pasión, mi estimado lector ignoto. Mi visita a la muestra colectiva en Amigos del Arte fue fugaz, pero suficiente para admirar ese cuadro de un pintor a quien conocí en persona de apellido Locatelli, “Desertificación”, tal su obra de 1990. Luego, Letras prohibidas, el film del final del día/noche que vi por primera vez y que aún sigue combinando en mí el placer llevado al extremo, uniendo los opuestos de lo cómico y lo trágico, lo sensual erótico de imágenes y letras escritas con cuanta materia disponible hubiere.
Cuando el artista se halla más encarcelado es cuando más fuerza toma su obra.
L me contaba la asociación que se hacía del apellido del pintor con una supuesta enfermedad psiquiátrica de parte suya. Y, sin embargo, su cuadro con un paisaje de muchas pinceladas está más poblado de lo que a primera vista parece.
Leo el catálogo del film, “[…] lo que sucede cuando rechazas que una imaginación verdaderamente libre es solo una forma de expresarse”, según el autor del guión. Agrego, el problema aparece cuando el peso de las instituciones (llámense social, eclesial, matrimonial, familiar) inciden directamente coartando la libertad imaginativa.
Estoy llegando a mi casa, mi querido lector ignoto. Me planteo que quizá deba comenzar a leer esas letras prohibidas de una buena vez y que el Marqués de Sade me insufle de la pasión que necesito para mostrarte mi amor.
Llegué.
Philip Kaufman, Letras prohibidas (Quills), 2000

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