[En tiempo previo al film]
Y hoy, a casi un mes del inicio de un nuevo ciclo de magia en movimiento, cuando enmendé la fecha del 26/08/09 por error escrita- ¿Cuál será el significado de tal combinación de números de una fecha que aún no ha llegado para suplir al 26/03/09?- Hoy, como decía, se me abre un debate por el difícil arte de seducir sin llegar a ser abandonante (me permito el neologismo)/abandonado (“De ningún lado vengo y a ningún lado voy”) ¿Es que existe alguna forma de amar sólo seduciendo? ¿Sin que el gerundio devenga acción irrefrenable?. Ciudadano Kane (Me confundo al pensar el título de El ciudadano por su carga cívica, ¿Se tratará de ésta? No es la referencia que tengo) es el film prometido para hoy, uno de los muchos clásicos que siempre quise ver.
Sigo aún pensando en que sí existo, pero no quiero hacer sólo eso: existir; un ser como simple duración frente a un sistema autoperpetuante (otro neologismo), reproductor. Me vienen de pronto las letras junto a la melodía de la canción de Marilina Ross: Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir, porque no es lo mismo que vivir honrar la vida…
(Una ambulancia gira velozmente a la izquierda con el ulular de su sirena y el titilar de su luz verde desde la vía contraria de esta avenida por la cual me dirijo al centro, voy veloz también, sentada en el asiento individual del 122 verde, justo sobre la rueda; estos ocasionales compañeros de viaje también corren y, de tanto en tanto se equilibran en su propia inercia, igual que yo con cada frenada del vehículo. Me miran o miran sus reflejos en las ventanillas, meditabundos).
[Luego del film]
¡Oh! ¡Al fin puedo darte la bienvenida, mi desconocido lector! Ahora sí, gracias a esta maravillosa joya del cine de todos los tiempos cuya palabra clave para describirla, a mi criterio, es: seducción. Seducción, como ya te intentaba definir, aún sin saberlo, en el trayecto a su proyección unas tres horas y media atrás.
¿Cómo no volver a mencionar esos tres términos que propuse previamente para (aún sin haberlo visto nunca antes) el film del día: seducción y [el eterno juego del] abandonante/abandonado.
Ciudadano Kane, tan solo un norteamericano como intentaba autodefinirse en vida, aún sin serlo porque sólo teníamos a ese otro: un hombre a quien le habían robado la vida para poner en su lugar el poder del tener personificado. Un hombre sin vida, sin su ser, el que hubiera podido existir si sólo seguía su cause de niño-que-juega-en-la-nieve-con-su-trineo.
Ciudadano Kane nos seduce, digo desconocido lector, no sólo por su imagen que se sirve de cuanto recurso ya hubiera inaugurado la historia del cine previo a su estreno (La profundidad de campo, los primeros planos y sus relaciones con otros planos sucesivos- Reviso el celular y respondo tres mensajes que no oí, pero lo pienso y este es un “ruido” que interfiere, sin embargo, el fluido de estas líneas- las tomas en picada y contrapicada, los reflejos en los espejos, los fundidos y las luces, el empleo del sonido, tanto como el guión con su secreto y el personaje protagónico mismo, a quien aún pensándolo de ficción por la exageración de sus rasgos, fue seduciéndome de tal modo que al desvanecerse en el negro humo de la chimenea de esa gigante boca-estufa (pieza final del rompecabezas) consume todo aquello que no pudo ser Charles Kane (Ese frío, hierático hombre que no pudo siquiera sostener sus propios principios, impuestos por otros en verdad, para sí).
Es imposible para mí escribir acerca de este film sin mencionar a mi tío M, quien autodidacta hasta no hace mucho me hubiera comentado hace más de diez años atrás acerca de esta belleza, la cual no podía ni debía perderme, a su decir y, quien no se equivocó puesto que, de todos los films que vi desde el año pasado éste es el primero que relaciona de tal manera lo visible, lo audible, lo narrable- lo sensible al fin- al punto que se me hace insuperable por algún otro.
Mi larga jornada que empezó a las 4:30 am con tan sólo dos horas de sueño anteriores no me impide, sin embargo, querer encender mi PC para comenzar a pasar estas líneas.
Nunca hasta ahora quedé tan fascinada por el séptimo arte como hoy. Existe- sí- un amor muy profundo que contiene en sí mismo el difícil arte de seducir sin por ello llegar a ser abandonante/abandonado… Orson Welles así me lo termina de enseñar, estimado lector ignoto.
Orson Welles, Citizen Kane (El ciudadano/Ciudadano Kane), 1941

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