Hoy voy a comenzar por el final magistral de Tuyo es mi corazón, esa escalera ascendente secundada por un par de farolas a cada lado y, en un único punto de fuga, la puerta allí arriba iluminada, con las siluetas de los verdugos, los nazis, que esperan a Sebastián con una suerte de castigo divino ante el accionar desalmado de un esposo traicionero y, la pareja de enamorados de éste lado, en fuera de campo, salvada por el poder del amor.
No puedo tampoco omitir las dos citas del film que reconocí inmediatamente en otros dos relativamente actuales.
El primero, que es más evidente, se trata de esta Alicia que reconozco como una Nikita enamorada de ese despiadado Devlin quien no se inmuta en lo más mínimo, por cumplir con su deber (la cuestión del deber tan tratada en Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime- Fundamentación de la Metafísica de las costumbres, de Kant, que estoy leyendo por estos días) y, la otra cita, aunque paródica la encuentro en aquella comedia de los años 80, Una chica al rojo vivo, en la cual aparece esta misma escena de la pareja cabalgando, con una Alicia con traje de montura y un sombrero cubriéndole medio rostro y, luego, hincando el caballo para salir al galope.
Ahora, leo el fragmento del libro El cine según Hitchcock de Truffaut: “La historia de Notorious es la del riesgo-conflicto entre el amor y el deber”.
Notorious hace notoria cómo abrir y cerrar, o cerrar y abrir, la puerta del conflicto con la Única llave, la del amor verdadero.
Si Sebastián evidenciaba un amor más profundo que Devlin por Alicia, no supo rescatarla de la situación tras descubrirla como agente secreto y, la entregó en manos de su propia madre por salvar sus apariencias y su pellejo.
Podríamos pensar que Devlin ha cumplido con su deber hasta la última instancia, cuando rescata a Alicia, pero el diálogo entre ambos protagonistas dejaría en claro, en mi opinión, que la potencial huida de Devlin a España, por no poder soportar el dolor de ver a su amada en los brazos de otro fue aplazada porque no podía hacerla sin saber qué había sido de ella.
Notorious me remite a lo evidente y, Devlin al menos empleó en dos momentos de suspenso actitudes evidentes como medio de salvar las situaciones ocultas. La primera, en la bodega cuando permite que Sebastián los viera besándose para desviar la atención con la obviedad y, la segunda, cuando baja las escaleras con Alicia moribunda en brazos y el juego de palabras obvias empleadas para escapar.
El secreto del amor tan íntimamente guardado por ambos protagonistas, es por lejos, sin embargo, lo más notable para mí.
Las razones de que así sea, aún seguirán permaneciendo obtusas.
Alfred Hitchcock, Notorious (Tuyo es mi corazón), 1946

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