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"Nada muere, todo cambia -dirá Jennie-. Hoy es el pasado de otro tiempo". Quizás al leer más abajo pienses que sólo lloro, mi estimado lector ignoto, pero cuando me conozcas verás que también puedo sonreir.

domingo, 17 de mayo de 2009

Desocultar lo oculto

23/10/08
Las acciones mudas, así retraduzco a mi español el título de El hada ignorante, por centrar mi atención en esas dos obras de arte que unen los dos mundos de Antonia y Michelle, el encuentro abrupto en principio y que se va haciendo familiar después.
Cuando en la regularidad de aquello que es familiar irrumpen uno o más acontecimientos inesperados, extraños, aparece lo siniestro y da terror.
Esa imagen del cuadro que, luego en el debate me entero que se trató de una obra pintada por el mismo Özpetek da cuenta de lo siniestro. Unos ojos oscuros sin mirada, ojos espectrales en un retrato sin boca en el anverso, oculta en su reverso el registro de la palabra escrita y el desocultamiento de un secreto, tanto como el libro de poemas que Massimo hubo de ir a comprar en el pasado para su esposa y que lo llevó a encontrar una historia de amor con Michelle.
Al final se enuncia la libertad para Antonia en el collar de su tía, es su conquista y, pese a descubrir la dolorosa verdad de la ambivalencia en la vida de su esposo muerto guarda ahora en sus entrañas una vida nueva a partir de su aceptación y del respeto por la verdad del pasado.
Nada hubiera sucedido sin que mediaran estas dos obras. Todo un universo colectivo hallado en los márgenes, en el parergon de la obra de arte. Tanto como en este bellísimo film del director turco, puente entre dos culturas disímiles: la oriental/la occidental, la heterosexual y burguesa/la gay y popular, la masculinidad/la feminidad, el libro/la pintura.
Es la verdad en pintura. Nada habrá a partir de ahora que no sea desocultar aquello que estaba oculto, aprender a decir mi palabra.


Ferzan Özpetek, Le fate ignorante (El hada ignorante), 2001

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