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"Nada muere, todo cambia -dirá Jennie-. Hoy es el pasado de otro tiempo". Quizás al leer más abajo pienses que sólo lloro, mi estimado lector ignoto, pero cuando me conozcas verás que también puedo sonreir.

domingo, 17 de mayo de 2009

Diversidad

16/10/08
Un film entrañable, que apela permanentemente a la emoción- Así puedo sintetizar Transamerica- luego de quince días en que realmente extrañé este ciclo cinéfilo semanal- donde cada uno de los protagonistas reconstruye su propia historia para aceptar y elegir la transformación.
No es curioso el inicio con ese personaje modulando su voz para intentar encontrarse con la propia y, un final en que la propia voz es encontrada en el diálogo con el otro.
Un grito casi, emergiendo de las fauces de Bree, la trans que negocia con los límites aceptables para el sistema en pos de su- así la cree hasta entonces- más grande transformación, no podría siquiera imaginar que un incidente tal como el reencuentro con un hijo no reconocido de una parte negada de su propia historia y, la enmienda, el resarcimiento que iniciará con ese viaje en auto de varios días hasta el lugar de destino común. Tendrá, sin embargo, que recurrir a la máscara en principio para acercarse a su hijo y, se generarán una serie de conflictos.
Ella insiste primero en pasar por el pueblo donde se había criado Toby (quien seguiría llamándose así y del cual nunca sabremos su verdadero nombre aunque, en algún momento él mismo haya pensado para sí en otro seudónimo) y ambos reconocerán y compartirán la realidad de un pasado tortuoso para Toby, quien fuera abusado sexualmente por su padrastro.
Luego, el sitio elegido será la casa natal de Bree, con sus padres y una hermana quienes también son parientes de Toby y que, tras enfrentarse a la verdad, también serán reconocidos y compartidos, aunque Toby decida huir de allí, al final, vuelve a buscar a su padre- madre.
Esa imagen final del film tan íntima de ambos protagonistas compartiendo una charla en la escena llena de intimismos lograda con una toma casi con veladura.
Es notable el cambio que se opera en la propia mirada con respecto a la figura trans. Cuando al comienzo del film Bree se va revistiendo de atributos considerados socialmente como femeninos, las tomas de planos de detalle de su cuerpo culminan en su rostro que se hizo grotesca. Pero, al final es tal el grado de aceptación, que lo vi bello. El personaje me inspiró ternura.
Me hizo reflexionar mucho este film, en especial la charla brindada por el Dr. Fernando Costa en el debate y su frase: “Para hablar de diversidad, primero hay que aceptar las diferencias, que las hay porque no existe la homogeneidad” y, en el peso que tiene hablar en términos de normalidad o anormalidad, polarizaciones del siglo XX que han hecho y aún siguen haciendo mucho daño.

Duncan Tucker, Transamerica, 2005

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