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"Nada muere, todo cambia -dirá Jennie-. Hoy es el pasado de otro tiempo". Quizás al leer más abajo pienses que sólo lloro, mi estimado lector ignoto, pero cuando me conozcas verás que también puedo sonreir.

domingo, 17 de mayo de 2009

Las personas sí existen


[Prefacio]

¡Qué paradoja! Estoy borrando parte del documento del Ciclo del Cine Forum- 2008 y para no perder el formato del texto al retomar, de pronto me queda la frase con la que inicié estas líneas el año pasado: “El Ciclo de Cine Forum que hoy comenzó tiene un prefacio para mí. Podría haberlo escrito exactamente ocho días atrás, cuando fui a ver El retrato de Jeannie por primera vez sola al Madre Cabrini…”. Volver a empezar, que no se acabe el juego, volver a intentar que no se apague el fuego, queda mucho por andar… Otra vez las letras del memorable tema de Alejandro Lerner en mi cabeza y ahora sí, ahí va, empiezo la trascripción de mis manuscritos en código binario.

26/03/09
[En tiempo previo al film]
He estado meditando desde hace unas horas y al fin decido comenzar estas líneas con un lápiz, quizás por su cercanía al boceto, el ensayo previo de aquello que dará inicio a este nuevo Ciclo de Cine Forum… ¡Oh, el del 2008!
¡Cuántas emociones evocan de pronto en estas marcas del grafito sobre el blanco papel!
Una semana atrás, aquella directora de escuela primaria, delgada y bronceada, rubia ella, muy artificial, con su mirada de ojos azules y su mueca de forzada sonrisa me decía mostrando buena parte de su dentadura: "¿Sabés qué pasa Clarita? A este sistema no le importan las personas, las personas no existen en este sistema…"
Hoy, firme en mi postura de ayer frente a mis colegas vuelvo a enunciar: Las personas sí existen. Existen los chicos, existimos nosotros, existo yo también.
Me niego a ser reproductora del sistema (Si es que hay sistema)… Creo que algo de esto que vengo pensando y afirmando encontraré en el film que en breve veré… Veamos, mientras llego leeré un fragmento más de Una educación sensorial de Rafael Argullol:
“Cada época ha reproducido su propio infierno de la carne…”, leo.

[Luego del film]
Y ahora sí, deliberadamente, y tras revolver de mi cartera (debe haber un agujero negro aquí porque lo que busco desaparece y aparece cuando se le da la gana] descartando los tres bolígrafos azules, empiezo este escrito en lapicera negra…
Por una razón bien determinada la canción Aurora, la que debiera poseer bellas letras hacia la Enseña Patria, de la Patria a la que elegí pertenecer, mi Patria, jamás me provocó otra sensación que no fuera de dolor, desde que, con lágrimas de honda pena por la nostalgia tuviera que entonarla en aquel colegio católico todas las mañanas al izamiento de la bandera a media asta, allá por junio de 1982 luego de mi regreso a Rosario. Y esta noche, al final del film Garage Olimpo, como corolario del horror de mi Patria, de mi dolor, del dolor de mi historia de familia deshecha tras el autoexilio para sobrevivir.
Veo todos estos jóvenes regresando de sus estudios en el colectivo, con sus carpetas y cuadernos espiralados oficio pendiendo de sus brazos derechos que contemplan el movimiento del exterior desde las ventanillas y pienso nuevamente: Las personas sí existen. ¿Acaso en el film de hoy, Félix el verdugo y captor no le dijo a María, víctima de secuestro, acá las personas no existen?
Y volvieron las palabras que pronunciara aquella directora de escuela primaria desde su escritorio, mientras apoyaba sus dos manos sobre éste para afirmar su sentencia con total vehemencia.
Algo ha pasado, este hombre de unos sesenta años me mira serio desde su par de anteojos de cristales fotocromáticos, con una bolsa de medicamentos pendiendo de su mano izquierda y sigo pensando: Algo ha pasado…
Si alguna vez hubo un operativo para limpiar las conciencias de todo vestigio de pensarse a sí mismas, a sí mismos y al otro como personas, quiero no pensar que ese tal operativo, macabramente tuvo éxito. Quiero pensar que ese éxito sólo lo es en parte porque las personas sí existimos, aún con el dolor de nuestros desaparecidos.
Es momento de hablar de ello de una buena vez.

Marcos Becáis, Garage Olimpo, 1999

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